Construcción de paz y cohesión social en la respuesta humanitaria en Nigeria

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de Otoño del 2019 se publican en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

El CCM Nigeria y sus organizaciones asociadas, los Equipos de Preparación y Respuesta ante Emergencias (EPRT por sus siglas en inglés) y Ekklesiya Yan’uwa A Nijeriya (EYN, o la Iglesia de los Hermanos en Nigeria), han encontrado que integrar la sensibilidad al conflicto en las iniciativas de asistencia humanitaria es fundamental para el éxito de estos proyectos y para promover la cohesión social dentro de sociedades desgarradas por conflictos violentos. El realizar un cuidadoso análisis de conflictos durante la fase de diseño del proyecto y luego desarrollar las capacidades locales para la paz durante la implementación del proyecto ayuda a que el proyecto evite agravar las tensiones dentro del contexto pluralista nigeriano en el que las relaciones intercomunitarias se han deteriorado y en las cuales la sospecha entre los grupos permite que la desconfianza mutua e incluso el odio y la enemistad florezcan, lo que lleva a la violencia.

Los actores humanitarios pueden tener objetivos dignos y tratar de satisfacer las necesidades humanas básicas, pero si no incorporan la sensibilidad al conflicto en la planificación e implementación del proyecto, pueden provocar daños graves para las personas participantes del proyecto.

En las últimas dos décadas, los conflictos violentos en y alrededor de Jos, Nigeria (donde se encuentra la oficina del CCM Nigeria), han aumentado, resultando en pérdidas devastadoras de vidas y destrucción de propiedad. Estos conflictos provienen principalmente de las luchas por el control y acceso a los recursos, incluso cuando se movilizan diferentes identidades (como las religiosas y étnicas) para encender estos conflictos. Hace casi dos décadas, el CCM trabajó con líderes nigerianos en el área de Jos para establecer una organización, la EPRT, comprometida con la prevención no violenta de conflictos. La EPRT, una red de líderes nigerianos musulmanes y cristianos en Jos y sus alrededores, emprende acciones proactivas para mitigar conflictos entre personas de diferentes religiones y grupos étnicos. La EPRT también a cabo asistencia humanitaria en el contexto mixto religioso y étnico de Jos. Al llevar a cabo estas iniciativas humanitarias de emergencia, la EPRT ha logrado el éxito al incorporar numerosas prácticas de sensibilidad al conflicto en sus iniciativas humanitarias, tales como: colaboración interreligiosa e interinstitucional, que crea un entorno propicio para desarrollar el programa y minimizar las sospechas entre líneas religiosas; inclusión de las mujeres como parte de los equipos de respuesta a emergencias, lo que ayuda a garantizar que las mujeres de las comunidades afectadas hablen sobre el diseño del proyecto y que las necesidades de las mujeres, niñas y niños sean consideradas en todas las etapas del ciclo del proyecto; y el uso de personas voluntarias de la comunidad que representan diferentes religiones. Estas estrategias han contribuido decisivamente al éxito del trabajo de EPRT.

Al desarrollar intervenciones en situaciones de crisis complejas, los actores humanitarios deben considerar los divisores (acciones que queremos detener o las actitudes que queremos cambiar) y los conectores (acciones y actitudes que queremos fomentar). Las intervenciones humanitarias en un contexto conflictivo se convierten en parte de ese contexto, lo que hace que sea esencial para las organizaciones humanitarias comprometerse con un enfoque de No Hacer Daño en su distribución de ayuda humanitaria. Al planificar sus intervenciones humanitarias, la EPRT primero analiza los divisores que impulsan los conflictos intercomunales y los posibles conectores que pueden ayudar a mitigar dicho conflicto y luego integra ese análisis en el diseño de sus respuestas humanitarias para que no aumente la tensión interreligiosa o intergrupal, sino que cree espacio para la coexistencia pacífica.

La EPRT colabora con 11 organizaciones nigerianas, con un equilibrio de organizaciones cristianas y musulmanas y de organizaciones dirigidas por mujeres y hombres. Esta red diversa de asociaciones de programas fortalece los esfuerzos de la EPRT para reducir las emergencias violentas en el estado del Estado de Plateau en Nigeria, donde se encuentra Jos. Las actividades de la EPRT incluyen el establecimiento de clubes de paz en las escuelas, realización de talleres del Proyecto Alternativas a la Violencia (PAV), realización de evaluaciones de necesidades y evaluaciones de impacto ambiental, distribución de ayuda humanitaria y mantenimiento de un sistema de alerta temprana que moviliza a líderes religiosos y constructores de paz nigerianos para responder proactivamente desde el principio para evitar que las tensiones entre comunidades se vuelvan violentas.

Una distribución de ayuda reciente realizada por la EPRT con el apoyo del CCM en cuatro campamentos informales para personas desplazadas nigerianas, así como en las comunidades anfitrionas circundantes de Rawuru, Kworos, Barkin-Ladi y Kassa, utilizó enfoques participativos durante el proceso de diseño, de modo que las personas beneficiarias se involucraron en todos los aspectos de la respuesta. Las personas beneficiarias se unieron activamente para identificar las fortalezas y capacidades de las familias y comunidad, priorizar las necesidades de los hogares y comunidad, asegurar el apoyo logístico y de planificación, implementar actividades del proyecto (con la implementación llevada a cabo por equipos interreligiosos con equilibrio de género) y monitorear la distribución de artículos de ayuda. La EPRT invierte tiempo y esfuerzos para asegurar el apoyo de varios líderes religiosos y comunitarios, dado el hecho de que estas partes interesadas críticas tienen un enorme poder social y capital que se puede utilizar para ayudar u obstaculizar las respuestas humanitarias. Al involucrar a las personas beneficiarias y líderes locales en el diseño, implementación, monitoreo y evaluación del proyecto, la EPRT mejora el sentido de pertenencia y aceptación local del proyecto. Este sentido de pertenencia local también significa que la EPRT recibe retroalimentación oportuna y sincera de las personas beneficiarias y líderes locales sobre las fortalezas y debilidades de sus respuestas humanitarias. Las intervenciones humanitarias de la EPRT no solo satisfacen las necesidades de las personas desplazadas y miembros vulnerables de las comunidades de acogida, sino que también buscan fortalecer la tolerancia interreligiosa y construir una base común mediante la creación de espacios seguros compartidos para la construcción de relaciones a través de líneas etno-religiosas. Aunque los cristianos nigerianos percibieron que las crisis violentas que habían estallado en el área de Jos eran impulsadas por musulmanes, la EPRT basó sus distribuciones de ayuda en la necesidad, no en la religión, credo o estatus social, reconociendo que las distribuciones imparciales de ayuda tienen el potencial de construir la cohesión social en un contexto en el que algunos actores buscan crear y ampliar las divisiones a lo largo de líneas religiosas.

Issa Chung, miembro del Equipo de Preparación y Respuesta ante Emergencias (EPRT) local en la comunidad de Bukuru de Jos, Nigeria, presentando en una reunión en marzo de Los equipos locales de EPRT, una colaboración entre el CCM y JDPC (Justice Development and Peace CARITAS) buscan construir y promover una paz sostenible, lo que resulta en la reducción de la violencia electoral, conflictos comunitarios y emergencias/crisis en el Estado de Plateau, creando una cultura de armonía y aceptación entre estudiantes de secundaria en todo el estado. (Foto del CCM / Allan Reesor-McDowell).

La experiencia de un intento de distribución de ayuda en el campo de Gurku por parte de una organización musulmana ofrece un segundo ejemplo de la importancia de un enfoque de sensibilidad al conflicto en la planificación de la distribución de artículos de ayuda en un contexto interreligioso. Este grupo musulmán había planeado distribuir ayuda solo a musulmanes durante el mes sagrado del Ramadán dentro de un campamento formal que incluía musulmanes y cristianos. Dado que los hogares en el campamento eran de diferentes grupos religiosos, los funcionarios musulmanes del campamento rechazaron los artículos de ayuda, insistiendo en que hasta que todas las PDI en el campamento se beneficiaran, independientemente de su afiliación religiosa, la distribución no podría realizarse. Los líderes del campamento habían participado en talleres organizados por la EYN sobre el enfoque de Sanidad y Reconstrucción de nuestras Comunidades (HROC por sus siglas en inglés) de Ruanda, que habían enfatizado la importancia de considerar los generadores de conflictos y los conectores al desarrollar respuestas humanitarias y, por lo tanto, prepararon a los líderes comunitarios para hacer preguntas críticas sobre iniciativas humanitarias como esta propuesta por una organización musulmana que habría tenido consecuencias negativas al fracturar la cohesión social.

Los actores humanitarios pueden tener objetivos dignos y tratar de satisfacer las necesidades humanas básicas, pero si no incorporan la sensibilidad al conflicto en la planificación e implementación del proyecto, pueden provocar daños graves para las personas participantes del proyecto. Se debe tener cuidado para garantizar que las normas culturales y doctrinas religiosas no interrumpan la distribución de la asistencia humanitaria y que el proyecto no cree más conflictos al ignorar las normas culturales.

Durante décadas, el CCM en Nigeria ha trabajado junto con organizaciones asociadas como la EPRT y EYN para satisfacer las necesidades humanas básicas, abordar las injusticias y reconstruir comunidades que anteriormente estaban segregadas por líneas religiosas. Gracias a estos esfuerzos, el CCM y sus organizaciones asociadas han descubierto que integrar la sensibilidad al conflicto y construcción de la paz en el corazón de cada proyecto, promover la cohesión social a través de las diferencias y construir capacidades interreligiosas para la paz son esenciales para el éxito de las intervenciones humanitarias.

Hyeladzira Balami es asistente administrativa y financiera del CCM Nigeria.


The Do No Harm Project. The “Do No Harm” Framework for Analyzing the Impact of
Assistance on Conflict: A Handbook.
Cambridge, MA: CDA Collaborative Learning Projects, 2004. Disponible en: https://www.cdacollaborative.org/publication/the-do-no-harm-framework-for-analyzing-the-impact-of-assistance-on-conflict-a-handbook/.

Peacebuilding and social cohesion in humanitarian response in Nigeria

Featured

[Individual articles from the Fall 2019 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

MCC Nigeria and its partners, the Emergency Preparedness and Response Teams (EPRT) and the Ekklesiya Yan’uwa A Nijeriya (EYN, or the Church of the Brethren in Nigeria), have found that integrating conflict sensitivity into humanitarian assistance initiatives is critical for the success of these projects and for promoting social cohesion within societies torn apart by violent conflict. Conducting a careful conflict analysis during the project design phase and then building on local capacities for peace during project implementation help the project avoid exacerbating tensions within the pluralistic Nigerian context in which intercommunal relationships have deteriorated and in which suspicion between groups allows mutual mistrust and even hatred and enmity to flourish, leading to violence.

In the last two decades, violent conflicts in and around Jos, Nigeria (where MCC Nigeria’s office is located), have increased, resulting in devastating losses of life and destruction of property. These conflicts primarily stem from battles for control of and access to resources, even as different identities (such as religious and ethnic identities) are mobilized to enflame these conflicts. Nearly two decades ago, MCC worked with Nigerian leaders in the Jos area to establish an organization, EPRT, committed to nonviolent conflict prevention. A network of Nigerian Muslim and Christian leaders in and around Jos, EPRT undertakes proactive action to mitigate conflicts amongst peoples of differing faiths and ethnic groups. EPRT also carries out humanitarian assistance in Jos’s religiously and ethnically mixed context. In carrying out these emergency humanitarian initiatives, EPRT has achieved success by incorporating numerous conflict sensitivity practices into its humanitarian initiatives, such as: interfaith and inter-agency collaboration, which creates a conducive environment for program delivery and which minimizes suspicion across religious lines; inclusion of women as part of emergency response teams, thus helping to ensure that women in affected communities speak into project design and that the needs of women and children are thus considered at all stages of the project cycle; and using community-based volunteers who represent different faiths. These strategies have decisively contributed to the success of EPRT’s work. 

In developing interventions in complex crisis situations, humanitarian actors must consider dividers (actions we want to stop or attitudes we want to change) and connectors (actions and attitudes we want to encourage). Humanitarian interventions in a conflictual context become part of that context, making it essential for humanitarian organizations to commit to a Do No Harm approach in their distribution of relief aid. In planning its humanitarian interventions, EPRT first analyzes dividers that drive intercommunal conflict and potential connectors that can help mitigate such conflict and then integrates that analysis in the design of its humanitarian responses so that they do not heighten interreligious or intergroup tension but rather create room for peaceful coexistence.

Humanitarian actors may have worthy goals and seek to meet basic human needs, but if they do not incorporate conflict sensitivity into project planning and implementation, serious harms can materialize for project participants.

EPRT collaborates with 11 Nigerian organizations, with a balance of Christian and Muslim organizations and of organizations led by women and men. This diverse network of program partnerships strengthens EPRT’s efforts to reduce violent emergencies in Nigeria’s Plateau State where Jos is located. EPRT’s activities include the establishment of peace clubs in schools, leading Alternatives to Violence Project (AVP) workshops, conducting needs assessments and environmental impact assessments, distributing humanitarian relief and maintaining an early warning system that mobilizes Nigerian religious leaders and peacebuilders to proactively respond early on in preventing intercommunal tensions from turning violent.

A recent relief distribution carried out by EPRT with MCC support in four informal camps for displaced Nigerians as well as in the surrounding host communities of Rawuru, Kworos, Barkin-Ladi and Kassa used participatory approaches during the design process, so that beneficiaries were involved in all aspects of the response. Beneficiaries actively joined in identifying family and community strengths and capacities, prioritizing household and community needs, securing logistical and planning support, implementing project activities (with implementation carried out by gender-balanced, interfaith teams) and monitoring the distribution of relief items. EPRT invests time and efforts to secure the support of various religious and community leaders, given the fact that these critical stakeholders have tremendous social power and capital that can be used to help or hinder humanitarian responses. By involving beneficiaries and local leaders in project design, implementation, monitoring and evaluation, EPRT enhances local ownership and acceptance of the project. This local ownership also means that EPRT receives timely and candid feedback from beneficiaries and local leaders about the strengths and weaknesses of its humanitarian responses. EPRT’s humanitarian interventions not only meet the needs of displaced persons and vulnerable members of host communities, but also seek to strengthen interreligious tolerance and build common ground by creating shared safe spaces for relationship-building across ethno-religious lines. Although the violent crises that had erupted in the Jos area were perceived by Nigerian Christians as being driven by Muslims, EPRT based its relief distributions on need, not on religion, creed or social status, recognizing that impartial aid distributions have the potential to build social cohesion in a context in which some actors seek to create and widen divisions along religious lines.

An experience of an attempted relief distribution in Gurku camp by a Muslim organization offers a second example of the importance of a conflict sensitivity approach in planning the distribution of relief items in an interfaith context. This Muslim group had planned to distribute relief assistance only to Muslims during the Muslim holy month of Ramadan within a formal camp setting that included Muslims and Christians. Given that the households in the camp were from different faith groups, the Muslim camp officials refused the relief items, insisting that until all IDPs in the camp benefited regardless of religious affiliation, the distribution could not take place. Camp leaders had participated in workshops organized by EYN on the Healing and Rebuilding our Communities (HROC) approach from Rwanda, which had emphasized the importance of considering conflict drivers and connectors when developing humanitarian responses and thus prepared community leaders to ask critical questions about humanitarian initiatives like this one proposed by a Muslim organization that would have had negative consequences in fracturing social cohesion.

Humanitarian actors may have worthy goals and seek to meet basic human needs, but if they do not incorporate conflict sensitivity into project planning and implementation, serious harms can materialize for project participants. Care must be taken to ensure that cultural norms and religious doctrines do not disrupt the distribution of humanitarian assistance and that the project does not create more conflict by ignoring cultural norms.

Issa Chung, a local Emergency Preparedness and Response Team (EPRT) member in the Bukuru community of Jos, Nigeria, presents at a meeting in March 2018. Local EPRT teams, a collaboration between MCC and JDPC (Justice Development and Peace CARITAS) seek to build and promote sustainable peace, resulting in the reduction of election violence, community conflict and emergencies/crises in Plateau State creating a culture of harmony and acceptance among secondary school age children throughout Plateau State. (MCC Photo/ Allan Reesor-McDowell)

For decades, MCC in Nigeria has worked alongside partners like EPRT and EYN to meet basic human needs, address injustices and rebuild communities that were previously segregated along religious lines. Through these efforts, MCC and its partners have discovered that integrating conflict sensitivity and peacebuilding into the heart of every project, promoting social cohesion across differences and building interreligious capacities for peace are essential for the success of humanitarian interventions.

Hyeladzira Balami is administrative and finance assistant for MCC Nigeria.


The Do No Harm Project. The “Do No Harm” Framework for Analyzing the Impact of Assistance on Conflict: A Handbook. Cambridge, MA: CDA Collaborative Learning Projects, 2004. Available at https://www.cdacollaborative.org/publication/the-do-no-harm-framework-for-analyzing-the-impact-of-assistance-on-conflict-a-handbook/.

La Iglesia Menonita de Vietnam: sentando las bases de la paz a la sombra de la guerra

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

Poco después de la firma de los Acuerdos de Ginebra en 1954 para poner fin a la guerra Indochina Francesa y dividir temporalmente a Vietnam en zonas septentrionales y meridionales, el Comité Central Menonita (CCM) llegó a Vietnam para apoyar el trabajo caritativo hacia el pueblo vietnamita sin importar su afiliación religiosa, etnia o ideología política. La organización trabajó junto con la Iglesia Protestante de Vietnam (ECVN por sus siglas en inglés) y la Alianza Cristiana y Misionera (C&MA siglas en inglés), que tenía una presencia en Vietnam ya en 1911. Mientras que los Menonitas norteamericanos llegaron a Vietnam para responder a las necesidades humanas básicas a raíz de la Guerra Indochina Francesa, su presencia y su compromiso con el establecimiento de la paz tuvieron una profunda influencia en quienes eventualmente formarían la Iglesia Menonita de Vietnam (IMV).

La primera actividad del CCM en Vietnam fue ayudar a distribuir alimentos, ropa y colchas para las personas que migraban hacia el sur, trabajando en estrecha colaboración con el equipo de socorro de ECVN. El CCM también proporcionó medicina para los campos de lepra operados por C&MA entre las minorías étnicas en la ciudad de Buon Me Thuot en las tierras altas centrales durante muchos años. En 1960, el CCM se asoció con ECVN para construir y operar una clínica de salud en la ciudad de Nha Trang a lo largo de la costa sur-central. El CCM mantuvo una oficina en Saigón (ahora llamada Ciudad Ho Chi Minh).

Cuando la Guerra de los Estados Unidos se extendió en Vietnam, el CCM se asoció con otras dos organizaciones—el Servicio Mundial de Iglesias y Lutheran World Relief— para operar colectivamente como Servicio Cristiano de Vietnam (VNCS por sus siglas en inglés) de 1966 a 1972. Las actividades de IMV apoyaban a las personas desplazadas en áreas de Vietnam central como Quang Ngai, Tam Ky y Hue; a los agricultores de las tierras altas en Di Linh y Pleiku; y, junto con ECVN, también construyó una clínica de salud en Pleiku. Muchos proyectos de trabajo social y otros esfuerzos de atención de la salud se llevaron a cabo en Saigón y sus alrededores.

La Junta de Misiones y Caridades Mennonitas del Este (EMBMC por sus siglas en inglés—ahora Misión Menonita del Este, o EMM por sus siglás en inglés) envió personal por primera vez a Vietnam en 1957 para predicar el evangelio y establecer la iglesia. Después de un período de aprendizaje del vietnamita, estos nuevos trabajadores y trabajadoras invitaron a sus vecinas, vecinos y estudiantes a estudiar la Biblia, compartir su fe, organizar clases de inglés, distribuir folletos y organizar muchos otros programas y actividades sociales para ayudar a la gente. Los nuevos creyentes y el personal del ECVN trabajaron juntos en el trabajo evangélico y social.

Junto con sus colegas vietnamitas, el personal de EMBMC imaginaron, establecieron y operaron un centro Menonita frente a un gran hospital público en el centro de Saigón. EMBMC compró el espacio de 7.500 pies cuadrados en 1960 como un centro estudiantil (compartiendo el espacio con la oficina de EMBMC), el cual fue la sede para muchas actividades: clases de inglés para cientos de estudiantes (a veces utilizando la historia de Jesús en el plan de estudios), una biblioteca y sala de lectura para estudiantes y un gimnasio. Muchas personas se inscribieron para los cursos bíblicos ofrecidos los fines de semana, además de los servicios regulares del domingo. Las primeras personas creyentes fueron bautizadas en 1961. Un segundo centro Menonita se inauguró en Gia Dinh (ahora distrito de Binh Thanh), Ciudad de Ho Chi Minh: este centro sirvió como punto focal para los esfuerzos Menonitas para ayudar a familias económicamente marginadas durante la guerra. EMBMC también compró una pequeña instalación de 120 metros cuadrados en 1973 en Binh Hoa, a pocas cuadras de la oficina principal de Gia Dinh. Aquí, una guardería ayudó a familias pobres.

En 1970, las Misiones Menonitas de Vietnam comenzaron su ministerio en Can Tho, la ciudad más grande del Delta del Mekong, a unos 170 kilómetros al sur de Saigón. Entre sus actividades se realizaron clases bíblicas, clases de inglés y cursos de costura para mujeres jóvenes. Estudiantes universitarios de ECVN adquirieron una instalación de 333 metros cuadrados en la calle Tu Duc en febrero de 1975 para usarla como dormitorio de estudiantes con espacio para comer, estudiar y adorar a Dios durante la semana.

El 30 de abril de 1975, cuando la guerra terminó y Vietnam volvió ser un país unificado, todo el personal de EMBMC necesitaba salir de Vietnam. Algunas personas Menonitas vietnamitas tuvieron que evacuar hacia el extranjero o regresar a sus ciudades natales en varias partes del país. Casi todas las actividades de la iglesia y del centro cristiano fueron detenidas durante la transición del gobierno. Poco después, el gobierno emitió un anuncio exigiendo que todas las actividades semanales de las iglesias templos y los eventos a gran escala fueran registradas con las autoridades estatales. Debido a que el liderazgo de las iglesias menonitas estaba intencionalmente disperso, la IMV no pudo completar todos los requisitos de registro. En junio de 1978, el gobierno tomó control de las propiedades de las iglesias menonitas.

En los años siguientes, bajo la dirección del pastor Nguyen Quang Trung, los miembros de las iglesias Menonitas adoraban con otras congregaciones que habían completado el proceso de registro (por ejemplo, ECVN y Grace Baptist Church), esperando el día en que pudieran volver a operar en su propio local. Durante este tiempo, el pastor Trung visitó y oró con las familias menonitas. A principios de 1983, la junta ejecutiva de la Iglesia Menonita de Vietnam y el pastor Trung acordaron que el Señor estaba guiando a la congregación para comenzar a adorar en la casa del pastor. La asistencia continuó creciendo con creyentes fieles comprometidos a seguir al Señor y con más de 70 personas reunidas para las celebraciones navideñas.

La IMV se esfuerza por operar en un espíritu constructivo de paz, recurriendo siempre a la paz como guía para sus actividades. Específicamente, durante y después de la guerra, la iglesia hizo un llamado a las personas creyentes a sanar y construir el país a través de métodos pacíficos, no con violencia. Con este espíritu, la iglesia estableció centros de socorro y clínicas de salud para ayudar a las personas que sufrían en medio de la violencia. Las personas creyentes menonitas deben asumir la responsabilidad de las personas que les rodean y unirse en la interacción con las demás personas de una manera pacífica.

La IMV se formó en medio del tumulto de la guerra. Ahora, la iglesia se encuentra en una posición favorable, alcanzada en parte con el apoyo de los Menonitas americanos. La IMV continuará construyendo la paz en Vietnam y también en todo el mundo. Este mensaje de paz es acogido por la comunidad cristiana y es también la filosofía de la vida para interactuar con nuestras vecinas y vecinos.

Huynh Minh Dang es Secretario General de la Iglesia Menonita de Vietnam

Aprende mas

Martin, Luke S., Nguyen Quang Trung, Nguyen Thanh Tam and Nguyen Thi Tam, “The Mennonite Church in Vietnam.” In Churches Engage Asian Traditions. Ed. C. Arnold Snyder and John A. Lapp, 315-336. Intercourse, PA: Good Books, 2011.

The Vietnam Mennonite Church: laying a foundation of peace in the shadow of war

[Individual articles from the Spring 2017 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

Shortly after the signing of the Geneva Accords in 1954 to end the French Indochina War and temporarily divide Vietnam into northern and southern zones, Mennonite Central Committee (MCC) came to Vietnam to support charitable work for Vietnamese people regardless of their religious affiliation, ethnicity or political ideology. The organization
worked together with the Evangelical Church of Vietnam (ECVN) and The Christian and Missionary Alliance (C&MA), which had a presence in Vietnam as early as 1911. While North American Mennonites came to Vietnam to respond to basic human needs following the French Indochina War, their presence and commitment to peacemaking had a deep influence on those who would eventually form the Vietnam Mennonite Church (VMC).

MCC’s first activity in Vietnam was helping to distribute food, clothing and blankets for people migrating south, working closely with the ECVN relief team. MCC also provided medicine for C&MA leprosy camps among ethnic minorities in Buon Me Thuot City in the central highlands for many years. In 1960, MCC partnered with ECVN to build and operate a health clinic in Nha Trang City along the south-central coast. MCC maintained an office in Saigon (now called Ho Chi Minh City). When the American War spread in Vietnam, MCC partnered with two other organizations—Church World Service and Lutheran World Relief—to collectively operate as Vietnam Christian Service (VNCS) from 1966 to 1972. VMC activities supported displaced persons in areas of central Vietnam such as Quang Ngai, Tam Ky and Hue; supported highland farmers in Di Linh and Pleiku; and, together with ECVN, also built a health clinic in Pleiku. Many additional social work projects and other health care efforts took place in and around Saigon.

Eastern Mennonite Board of Missions and Charities (EMBMC—now Eastern Mennonite Missions, or EMM) first sent workers to Vietnam in 1957 to preach the gospel and to establish the church. After a period of learning Vietnamese, these new workers invited their neighbors and students to study the Bible, share their faith, organize English classes, distribute tracts and organize many other programs and social activities to help people. New believers and ECVN Christians worked together in both evangelical and social work.

Together with Vietnamese colleagues, EMBMC workers envisioned, established and operated a Mennonite center opposite a large public hospital in the center of Saigon. EMBMC purchased the 7,500 square-foot space in 1960 as a student center (sharing its location with the EMBMC office), and it hosted many activities: English classes for hundreds of students (sometimes using the story of Jesus in the curriculum), a library
and reading room for students and a fitness room. Many students signed up for Bible courses offered on weekends in addition to regular Sunday services. The first believers were baptized in 1961. A second Mennonite center opened in Gia Dinh (now Binh Thanh District), Ho Chi Minh City: this center served as a focal point for Mennonite efforts to assist economically marginalized families during the war. EMBMC also purchased a small, 120 square-meter facility in 1973 in Binh Hoa, a few blocks away from the main Gia Dinh office. Here, a childcare center helped poor families.

In 1970, Vietnam Mennonite Missions began ministry in Can Tho, the largest city in the Mekong Delta, about 170 kilometers south of Saigon. Among their activities were Bible classes, English lessons and tailoring courses for young women. ECVN university students acquired a 333 square-meter facility on Tu Duc street in February 1975 for use as a student dormitory with space for eating, studying, and worshiping God during the week

On April 30, 1975, as the war ended and Vietnam returned to a unified country, all EMBMC workers needed to leave Vietnam. Some Vietnamese Mennonites had to evacuate abroad or return to their hometowns throughout the country. Almost all church and Christian center activities were halted during the transition of government. Soon
after, the government issued an announcement requiring all churches’ and temples’ weekly activities and large-scale events to be registered with state authorities. Due to internationally dispersed leadership of the Mennonite churches, VMC could not complete all registration requirements. In June 1978 the government assumed control over Mennonite church properties.

In the ensuing years, at the direction of Pastor Nguyen Quang Trung, Mennonite church members worshiped with other, fully-registered congregations (e.g., ECVN and Grace Baptist Church), waiting for the day when they would be able to operate their own location again. Throughout this time, Pastor Trung visited and prayed with Mennonite families. Early in 1983, the executive board of the Vietnam Mennonite Church and
Pastor Trung agreed that the Lord was leading the congregation to begin worshipping together at the pastor’s home. Attendance continued to grow with faithful believers committed to following the Lord and with more than 70 people gathering for the Christmas celebrations.

VMC strives to operate in a constructive spirit of peace, always turning to peace as a guide for its activities. Specifically, during and following the war, the church called on believers to heal and build the country through peaceful methods, not with violence. In this spirit, the church established relief centers and health clinics to help people suffering in the midst of violence. Mennonite believers must assume responsibility for the people around them and unite in interacting with others in a peaceful way.

The VMC was formed amidst the tumult of war. Now, the church finds itself in a favorable position, attained in part through the support of American Mennonites. VMC will continue to build peace in Vietnam and also throughout the world. This message of peace is warmly embraced by the Christian community and is also the philosophy of life for interacting with our neighbors.

Huynh Minh Dang is General Secretary of the Vietnam Mennonite Church.

Learn more

Martin, Luke S., Nguyen Quang Trung, Nguyen Thanh Tam and Nguyen Thi Tam, “The Mennonite Church in Vietnam.” In Churches Engage Asian Traditions. Ed. C. Arnold Snyder and John A. Lapp, 315-336. Intercourse, PA: Good Books, 2011.

Amar al “enemigo”

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

Durante casi 500 años, los Anabaptistas se han negado a participar en la guerra. Después de la Primera Guerra Mundial, diversos grupos fundaron el CCM como una institución inter Anabautista para ayudar a las víctimas de la Gran Guerra. Desde entonces, el CCM ha seguido prestando asistencia a las personas en todo el mundo, a menudo en situaciones posteriores a conflictos. El CCM trabajó inicialmente sólo en áreas controladas por el ejército estadounidense y el gobierno de Saigón de Vietnam del Sur. Sin embargo, el mandamiento de Jesús de “amar a los enemigos” llamó a algunas personas dentro del CCM a ayudar a todas las personas vietnamitas en necesidad —incluyendo a aquellas en las comunidades del “otro lado”. En este artículo, basándome en mis experiencias trabajando con el CCM en Vietnam a finales de los años sesenta, examino los riesgos que implica actuar bajo el mandato de Jesús de “amar a tus enemigos” en una zona de conflicto y los resultados que fluyen al responder a ese llamado.

En Tam Ky, provincia de Quang Nam, donde trabajé en Vietnam de 1966 a 1969, construí amistad y confianza con muchas personas vietnamitas. En conjunto, desarrollamos un programa de alfabetización acogido por madres/padres e hijas/hijos de ambos lados del conflicto. El programa de alfabetización se inició en los campamentos de desplazados en Tam Ky, pero pronto se extendió a las aldeas más allá del perímetro del gobierno de Estados Unidos/Saigón. Esta expansión me permitió trabajar y hacer amigos con un amplio espectro de personas tanto en Tam Ky como también comunidades consideradas “inseguras” y “hostiles” por los militares de los Estados Unidos. En una carta a mis padres en 1968, escribí: “Esta noche Tam Ky es hermosa y pacífica. Es muy bueno salir por la noche porque en la noche soy el dueño de toda la ciudad. Los GI (militares estadounidenses) y CIA (Agencia Central de Inteligencia) la usan durante el día, pero por la noche es su enemiga. Pero para mí, es mi amiga tanto de día como de noche”. Las mismas amistades vietnamitas que me permitieron vivir y trabajar con seguridad tanto en Tam Ky como en comunidades marginales resultaron ser una amenaza para los militares estadounidenses. La guerra está alimentada por el miedo y odio al enemigo, por lo que, para los combatientes, ver a sus compatriotas hacer amigos y vivir pacíficamente con ambos lados en una zona de combate es, como explicó un funcionario estadounidense, “duro en la moral de combatientes estadounidenses”.

La primera reacción de funcionarios estadounidenses en Tam Ky fue pedir a la Embajada de los Estados Unidos en Saigón que presionara a los líderes del Servicio Cristiano de Vietnam (VNCS, por sus siglas en inglés) para que me transfirieran fuera de la zona de guerra. [El CCM era la organización principal de VNCS, que también incluía el Servicio Mundial de Iglesias y Lutheran World Relief]. Ese esfuerzo fracasó, después de una reunión fortuita con un periodista estadounidense que llevó a un artículo en el New York Times señalando que el gobierno estadounidense —que estaba destruyendo Vietnam— estaba tratando de expulsar a voluntarios que estaban tratando de ayudar a las personas vietnamitas. (Otro trabajador del Servicio Voluntario Internacional también figuraba en la lista de personas que los militares estadounidenses querían transferir). El artículo también señaló que, en una democracia, el gobierno no puede decirles a las organizaciones no gubernamentales (ONG) cómo hacer uso de su personal, mientras que la separación de la iglesia y el estado, se supone, que protege a las organizaciones religiosas de la interferencia gubernamental.

Varios meses después de que el esfuerzo por sacarme de Tam Ky resultara contraproducente, una estudiante que enseñó en nuestro programa de alfabetización me pidió que conociera a su padre en la casa de su tía. Su padre me informó que trabajaba para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y que había sido asignado a difundir desinformación sobre mí en el área de Tam Ky. Me explicó que la CIA tenía informantes de áreas rurales del Frente de Liberación Nacional (FLN) que venían mensualmente a Tam Ky e informaban a la CIA sobre los funcionarios locales en su área, para que los militares pudieran intentar matarlos. El plan de la CIA era decirles a los informantes que yo era un agente encubierto de la CIA. Esa información, explicó, era para que cuando el rumor corriera, el FLN “resolvería el problema de Doug Hostetter” la próxima vez que se infiltraran en Tam Ky. Cuando le pregunté a mis amigos vietnamitas cómo debía responder a esa advertencia, me aconsejaron que orara y confiara en mis amigos. Si salía de Tam Ky justo cuando el rumor se estaba extendiendo, dijeron, se creería, y el CCM nunca podría volver a enviar voluntarios a Tam Ky. Varios meses más tarde, mi profesora de alfabetización me pidió que volviera a reunirse con su padre. Él me informó que la campaña había sido un fracaso; que los informantes habían difundido el rumor, pero la gente no lo creía y que ahora, seguramente estaba a salvo.

Todas las ONG occidentales en Vietnam afirmaron que estaban allí para amar y ayudar al pueblo vietnamita. Pero la mayoría de ellos sólo ayudó a vietnamitas que vivían en las áreas controladas por el gobierno de Saigón, protegidos por tropas estadounidenses. Algunos Menonitas y Cuáqueros se esforzaron por ampliar nuestro trabajo para ayudar a las personas de ambos lados del conflicto. En 1975, 130 ONG internacionales estaban operando en Vietnam del Sur. Cuando los combatientes estadounidenses se retiraron, sólo el CCM y el American Friends Service Committee permanecieron como testigos de un Dios que es más grande que los Estados Unidos y que ama a todo el pueblo vietnamita, independientemente de dónde vivan o cuáles fuerzas armadas estén en control.

Doug Hostetter es el director de la Oficina de las Naciones Unidas del CCM. También trabajó con el CCM en Tam Ky, Vietnam, de 1966 a 1969.

Aprende mas

Hostetter, Doug. The People Make the Peace. Charlottesville, VA: Just World Books, 2015.

Martin, Earl. Reaching the Other Side. New York: Crown Publishers, 1978.

To love the “enemy”

[Individual articles from the Spring 2017 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

For almost 500 years, Anabaptists have refused to participate in war. After World War I, diverse groups founded MCC as an inter-Anabaptist institution to assist victims of the Great War. Since then, MCC has continued to assist people globally, often in post-conflict situations. MCC initially worked only in areas controlled by the U.S. military and the Saigon government of South Vietnam. However, Jesus’ command to “love your enemies” called some within MCC to assist all Vietnamese people in need—including those in communities “on the other side.” In this article, drawing on my experiences working with MCC in Vietnam in the late 1960s, I examine the risks involved in acting on Jesus’ command to “love your enemies” in a conflict zone and the results that flowed from
answering that call.

In Tam Ky, Quang Nam Province, where I worked in Vietnam from 1966 to 1969, I built friendships and trust with many Vietnamese friends. Together, we developed a literacy program welcomed by parents and children on both sides of the conflict. The literacy program started in displaced person camps in Tam Ky, but soon spread to villages beyond the U.S./Saigon government perimeter. This expansion enabled me to work
and make friends with a broad spectrum of people in both Tam Ky and also communities deemed “unsafe” and “hostile” by the U.S. military. In a letter to my parents in 1968, I wrote: “Tonight Tam Ky is beautiful and peaceful. It is really kind of great to go out at night because at night I own the whole town. The GIs and CIA may use it during the day, but at night it is their enemy. But for me, it is my friend both day and night.” The same span of Vietnamese friendships that enabled me to live and work safely in both Tam Ky and with marginal communities proved threatening to the U.S. military. War is fueled by fear and hatred of the enemy, so for soldiers to see their fellow countrymen making friends and living peacefully with both sides in a combat zone is, as one U.S. official explained, “hard on the morale of the U.S. soldiers.”

The first reaction of American officials in Tam Ky was to ask the U.S. Embassy in Saigon to pressure Vietnam Christian Service (VNCS) leaders to have me transferred out of the war zone. [MCC was the lead organization of VNCS, which also included Church World Service and Lutheran World Relief.] That effort failed, after a chance meeting with a U.S. journalist led to an article in the New York Times pointing out that the U.S. government—which was destroying Vietnam—was attempting to kick out volunteers who were trying to help Vietnamese people. (A worker from International Voluntary Service was also on the list of people the U.S.military wanted removed.) The article further noted that, in a democracy, the government cannot tell non-governmental organizations (NGOs) how to deploy their staff, while the separation of church and state is supposed
to protect religious organizations from government interference.

Several months after the effort to remove me from Tam Ky backfired, a student who taught in our literacy program asked me to meet her father at her aunt’s house. Her father informed me that he worked for the Central Intelligence Agency (CIA) and that he had been assigned to spread disinformation about me in the Tam Ky area. He explained that the CIA had informants from rural National Liberation Front (NLF) areas who would come monthly to Tam Ky and report to the CIA about local officials in their area, so that the military could attempt to kill them. The CIA plan was to tell the informants that I was a covert CIA agent. The assumption, he explained, was that when the rumor took hold, the NLF would “solve the Doug Hostetter problem” the next time they infiltrated Tam Ky. When I asked Vietnamese friends how I should respond to the warning, they advised me to pray and trust my friends. If I were to leave Tam Ky just as the rumor was spreading, they said, it would be believed, and MCC could never again send volunteers to Tam Ky. Several months later, my literacy teacher asked me to meet with her father again. He reported that the campaign had been a failure; the informants had spread the rumor, but the people did not believe it and now I was likely safe.

All of the Western NGOs in Vietnam claimed that they were there to love and assist the Vietnamese people. But most of them only assisted Vietnamese who lived in the areas controlled by the Saigon government, protected by U.S. troops. Some Mennonites and Quakers tried hard to expand our work to assist people on both sides of the conflict. In 1975, 130 international NGOs were operating in South Vietnam. When the U.S. troops withdrew, only MCC and the American Friends Service Committee remained as witnesses to a God who is bigger than the United States and who loves all Vietnamese people, regardless of where they live or whose military is in control.

Doug Hostetter is MCC’s United Nations Office director. He also served with MCC in Tam Ky, Vietnam from 1966 to 1969.

Learn more

Hostetter, Doug. The People Make the Peace. Charlottesville, VA: Just World Books, 2015.

Martin, Earl. Reaching the Other Side. New York: Crown Publishers, 1978.

El CCM y el movimiento en contra de la guerra de Vietnam

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

Gracias tanto al principio teológico de la separación del mundo como a una historia de aislamiento cultural, muchos constituyentes del CCM en los Estados Unidos a principios de los años 60 eran todavía muy distintos de la sociedad. Si no fuera porque algunos de sus hijos e hijas vivían y trabajaban en Vietnam como personas trabajadoras del CCM, y porque algunos de sus hijos resistieron la cooperación con el servicio militar obligatorio, hubiera sido difícil un compromiso significativo con el movimiento anti-guerra de Vietnam por parte de los anabaptistas en los Estados Unidos. El trabajo y testimonio de estos hombres y mujeres jóvenes comprometidos a vivir la manera de paz de Cristo, incluso en un mundo en guerra, empujaron a las Iglesias Anabautistas en los Estados Unidos a un mayor compromiso con asuntos de política pública, incluyendo decisiones de guerra y paz. Este artículo examinará cómo durante la Guerra de Vietnam el CCM aprendió lentamente a abordar las cuestiones de política pública planteadas por la guerra.

Como las personas trabajadoras del CCM en Vietnam experimentaron de primera mano la guerra y el sufrimiento que causó, sus informes comenzaron a tener un profundo impacto en las iglesias que les habían enviado. Una carta del CCM a la Casa Blanca en noviembre de 1967 reflejaba las preocupaciones surgidas entre el personal del CCM que realizaban esfuerzos de socorro en un contexto de guerra: “no podemos servir a las víctimas de la guerra en Vietnam sin cuestionar seriamente las actividades de Estados Unidos que causan el sufrimiento que buscamos aliviar. Nuestras conciencias protestan contra el suministro de ropa y alimentos y atención médica a refugiados, mientras se guarda silencio sobre una política que genera nuevos refugiados cada día”.

El personal de CCM envió numerosas cartas y delegaciones a la Casa Blanca durante el transcurso de la guerra. El Secretario Ejecutivo del CCM, William Snyder, envió una carta al presidente Lyndon Johnson fechada el 2 de junio de 1965, expresando “profunda preocupación por la intensificación de la guerra en Vietnam con su consecuente tributo de sufrimiento humano”. El CCM envió a todos los miembros del Congreso las ediciones especiales de The Mennonite y The Gospel Herald de enero de 1966, que presentó la perspectiva de las personas trabajadoras Menonitas en Vietnam. En 1972, el CCM coordinó una delegación de líderes Menonitas y Hermanos en Cristo a la Casa Blanca. La declaración preparada por los líderes imploró al gobierno de Estados Unidos que cesara toda ayuda militar a Vietnam e instó al gobierno a “¡arrepentirse! ¡cambiar, empezar de nuevo!”. La Oficina del CCM en Washington coordinó esta y otras visitas del personal del CCM y líderes de las denominaciones para abordar las preocupaciones de la política pública derivadas de la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.

Este tipo de incidencia en la política pública representaba un nuevo terreno para el CCM en su relación con el gobierno, ya que el enfoque comenzó a pasar de hablar en nombre de los objetores de conciencia de las iglesias constituyentes a hablar en nombre de personas amigas y colegas al otro lado del mundo que estaban sufriendo las políticas de nuestro gobierno. Algunos miembros de las iglesias constituyentes del CCM vieron este tipo de incidencia como inapropiada para una agencia de la iglesia. El CCM organizó una importante consulta con los líderes de la Iglesia Anabautista en diciembre de 1966 para discutir las preocupaciones sobre el testimonio de paz de la iglesia en la arena pública y el papel del CCM en ese testimonio. A raíz de la consulta, CCM siguió participando activamente en la resistencia a la participación de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam mediante la incidencia en políticas públicas, aun cuando muchos de sus constituyentes Menonitas y Hermanos en Cristo siguieran viendo esa incidencia como incompatible o, al menos, en tensión con los compromisos y prácticas tradicionales de la no resistencia.

Mientras tanto, decenas de jóvenes de las Iglesias Menonitas y Hermanos en Cristo en los Estados Unidos protestaron la guerra resistiendo el reclutamiento. Las divisiones profundas de la sociedad sobre la guerra también salieron a relucir en un paisaje menonita de preocupaciones teológicas acerca de la lealtad, el discipulado y la desobediencia civil. Walton Hackman, miembro del personal de la Sección de Paz del CCM, brindó asesoramiento y recursos a muchos jóvenes resistentes al servicio militar. La Iglesia Menonita afirmó la resistencia al reclutamiento militar como una aplicación válida de su enseñanza sobre la paz y la no-resistencia en su convención nacional en 1969.

Las personas trabajadoras del CCM en Vietnam que regresaron a los Estados Unidos fueron ampliamente buscadas para que compartieran sus experiencias en iglesias, escuelas y organizaciones cívicas. Atlee Beechy estima que compartió con 150 grupos diferentes en su primer año de regreso del servicio con el CCM en Vietnam. Con conocimiento íntimo de la guerra en Vietnam, las personas ex-trabajadoras del CCM participaron en movilizaciones contra la guerra al regresar a casa. Después de su servicio con el CCM Vietnam, Doug Hostetter trabajó para el proyecto del Tratado de Paz del Pueblo y viajó a Vietnam del Sur y del Norte con la Asociación Nacional de Estudiantes de los Estados Unidos.

La Guerra de Vietnam despertó la conciencia de muchos respecto al pago de impuestos para la guerra. Delton Franz, el primer director del CCM de la Oficina en Washington, y su esposa Marian se unieron a otras personas en la promoción de la primera legislación tributaria para la paz de la nación, conocida como el Fondo para el Impuesto a la Paz Mundial, presentada por Ron Dellums en 1972. El CCM creó un Fondo de Impuestos para la Paz en 1972 como respuesta al deseo de sus constituyentes Anabautistas de enviar sus dólares de impuestos de guerra retenidos para apoyar el trabajo de paz del CCM.

El personal del CCM en Vietnam también participó, detrás de la escena, en trabajos que resultaron en contribuciones significativas al esfuerzo contra la guerra en los EE.UU. En 1973, Pat Hostetter Martin, presentó un periodista a varias personas, entre ellas una joven vietnamita esposada a su cama de hospital. Esta mujer, prisionera política, había sido golpeada y agredida sexualmente por soldados survietnamitas. Estas conexiones facilitadas por Hostetter Martin resultaron en una serie de cuatro partes sobre presos políticos, en el New York Times que era muy crítica de la guerra.

El CCM, sin duda, no se relacionó plenamente con los líderes y tácticas del movimiento en los Estados Unidos contra la guerra de Vietnam. Sin embargo, gracias a las personas objetores conscientes de la guerra, su creciente trabajo de incidencia, su apoyo a la resistencia tributaria de la guerra y su presencia en el terreno de las atrocidades de la guerra, el CCM desarrolló su propio testimonio paralelo contra la participación de los EE.UU. en la guerra de Vietnam, un testimonio en consonancia con sus entendimientos teológicos, sus relaciones y su trabajo en Vietnam y una base de apoyo de la iglesia aún cautelosa sobre la incidencia con el gobierno.

Titus Peachey trabajó con el CCM durante más de treinta años, recientemente como coordinador de educación para la paz del CCM EE.UU. Actualmente es miembro de la junta directiva de Legacies of War, una organización de base educativa e incidencia que trabaja para abordar el impacto del conflicto en Laos durante la guerra de Vietnam, incluyendo la eliminación de minas sin explotar (UXO).

Aprende mas

Legacies of War website: legaciesofwar.org.

Bush, Perry. “The Political Education of Vietnam Christian Service, 1954-1975.” Peace and Change. 27/2 (April 2002): 198-224.

Martin Luther King. “Más allá de Vietnam: Un tiempo para romper el silencio: Declaración de Independencia de la Guerra de Vietnam”. Sermón emitido en la Iglesia de Riverside, Nueva York, 4 de abril de 1967. Disponible en http://kingencyclopedia.stanford.edu/ enciclopedia/documentsentry/doc_beyond_vietnam/.