El agente Naranja/Dioxina y los legados de la Guerra de Vietnam

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

La Asociación Vietnam para las Víctimas del Agente Naranja/Dioxina (VAVA por sus siglas en inglés) se estableció el 10 de enero de 2004, uniendo a las personas que viven con los efectos de la exposición del Agente Naranja (AO por sus siglas en inglés) y a las que se han ofrecido para apoyarlas. VAVA moviliza recursos internos, mientras que el gobierno busca en VAVA recomendaciones sobre políticas de apoyo para las personas afectadas. Con el apoyo de los socios internacionales, VAVA ayuda a las familias afectadas por el AO mediante el apoyo agrícola y educativo, controles de salud de rutina, atención médica y rehabilitación. VAVA también se une a sus socios internacionales en la defensa de la justicia para las personas que viven con los efectos de AO en Vietnam.

La guerra de Vietnam terminó hace mucho tiempo, pero los legados de la guerra continúan en Vietnam. Durante el conflicto, el ejército estadounidense roció más de 80 millones de litros de productos químicos tóxicos —de los cuales aproximadamente 61 por ciento eran agente naranja, contaminados con 366 kilos de la altamente tóxica dioxina— en grandes partes del centro y sur de Vietnam. Destinado como un defoliante químico, AO ha causado serias devastaciones ambientales. Mientras tanto, más de 4,8 millones de personas sufrieron exposición al AO y más de tres millones de personas en Vietnam han muerto o están sufriendo de enfermedades graves o discapacidades causadas por la exposición al AO. Las hijas, hijos, nietas, nietos e incluso bisnietas y bisnietos de las personas directamente expuestas han sufrido los efectos de AO. Muchas familias tienen tres o más miembros que necesitan ayuda para vivir diariamente, exasperando las ya difíciles situaciones económicas de las familias.

Durante y después de la guerra, el apoyo internacional de diversas organizaciones, individuos y gobiernos han ayudado al pueblo vietnamita en la recuperación física y mental de las consecuencias de la guerra. La ayuda de personas amigas y organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI) no sólo es de importancia material, sino también una fuente de gran estímulo para las personas afectadas por el AO en Vietnam. Además, los socios internacionales han fortalecido sus esfuerzos de abogacía para solicitar al gobierno de los Estados Unidos que coopere con Vietnam para hacer frente a la devastación sanitaria y ambiental creada por el AO.

A través de nuestra asociación con el CCM, VAVA provee asistencia médica, rehabilitación física y capacitaciones de medios de subsistencia para las personas afectadas por el AO, especialmente en la provincia de Quang Ngai. En VAVA hemos apreciado la dedicación, compromiso y profesionalidad del personal experimentado del CCM. Se han forjado estrechas amistades con las personas trabajadoras del CCM y el personal de VAVA a través de años de colaboración en proyectos para ayudar a las personas afectadas por el AO. Además, las personas en Quang Ngai han apreciado particularmente la presencia y contribuciones del personal del CCM que ha vivido y trabajado junto a personas que viven con los efectos de AO en la comuna de Duc Pho, acompañándoles en la superación de algunos de sus sufrimientos en la vida.

Desde su creación, VAVA se ha convertido en una organización nacional con más de 360.000 miembros en casi todas las provincias del país. Ha movilizado más de 1,2 billones de dong vietnamitas (US $60 millones) para ayudar a las personas afectadas con vivienda, préstamos, atención médica, recuperación de desastres y becas. VAVA también ha hecho avances significativos en la concientización en Vietnam y en todo el mundo
sobre la tragedia del AO, obteniendo más apoyo para ayudar a las personas afectadas. VAVA también envía periódicamente delegaciones para reunirse con los grupos de paz de los veteranos en otras naciones mientras moviliza el apoyo internacional, y VAVA continúa presionando al gobierno de los EEUU para asumir la responsabilidad por los daños causados por AO.

Los logros de VAVA se suman a los esfuerzos colectivos del pueblo vietnamita para hacer frente a esta calamidad particular de la guerra, luchando en conjunto para mejorar gradualmente y estabilizar las vidas de las personas afectadas por el AO. La coordinación y cooperación con las ONG internacionales han aumentado la capacidad de VAVA, tanto en Vietnam como a nivel internacional, para responder a las necesidades actuales de las personas vietnamitas que viven con los efectos del AO. VAVA espera que continúe la asociación con el objetivo de aliviar las luchas diarias de las personas vietnamitas viviendo con los efectos del AO.

El teniente general (retirado) Nguyen Van Rinh es presidente de la Asociación Vietnam para las Víctimas del Agente Naranja/Dioxina (VAVA).

Aprende mas

VAVA website: vava.org. vn/?lang=en

The Aspen Institute: Agent Orange in Vietnam Program website: https://www.aspeninstitute.org/programs/agent-orange-in-vietnam-program/

Martini, Edwin A. Agent Orange: History, Science, and the Politics of Uncertainty. Amherst, MA: University of Massachusetts Press, 2012.

Agent Orange/Dioxin and the ongoing legacies of the Vietnam War

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[Individual articles from the Spring 2017 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

The Vietnam Association for Victims of Agent Orange/Dioxin (VAVA) was established on January 10, 2004, uniting people living with the effects of Agent Orange (AO) exposure and those who have volunteered to support them. VAVA mobilizes domestic resources, as the government looks to VAVA for recommendations regarding policies in support of affected persons. With support from international partners, VAVA assists families affected by AO through agricultural and educational support, routine health checks and ongoing medical care and rehabilitation. VAVA also joins its international partners in advocacy for justice for people living with the effects of AO in Vietnam.

The Vietnam War ended long ago, but the war’s legacies continue to linger in Vietnam. During the conflict, the U.S. military sprayed more than 80 million liters of toxic chemicals—of which approximately 61 percent was Agent Orange, contaminated with an estimated 366 kilograms of the highly-toxic substance dioxin—over large portions of central and southern Vietnam. Intended as a chemical defoliant, AO has caused serious
environmental devastation. Meanwhile, more than 4.8 million people suffered exposure to AO and more than three million people in Vietnam have died or are suffering from serious diseases or disabilities caused by AO exposure. The children, grandchildren and even great-grandchildren of people directly exposed have suffered AO’s effects. Many families have three or more members who require assistance for daily living, exacerbating families’ already difficult economic situations.

During and following the war, international support from various organizations, individuals and governments have aided the Vietnamese people in physical and mental recovery from the consequences of war. The help of friends and international non-governmental organizations (INGOs) is not only of material significance, but also a source of great encouragement for people affected by AO in Vietnam. Furthermore,
international partners have strengthened advocacy efforts to petition the U.S. government in cooperating with Vietnam to address the ongoing health and environmental devastation created by AO.

Through our partnership with MCC, VAVA provides medical care, physical rehabilitation and livelihoods training for people affected by AO, especially in Quang Ngai Province. We at VAVA have appreciated the dedication and professionalism of MCC’s experienced staff and its committed workers. Close friendships have been forged with MCC workers and VAVA staff through years of collaboration on projects to assist people affected by AO. Additionally, people in Quang Ngai have particularly appreciated the presence and contributions of MCC workers who have lived and worked alongside people living with the effects of AO in Duc Pho commune, accompanying them in overcoming some of their sufferings in life.

Since its inception, VAVA has grown into a nationwide organization with more than 360,000 members throughout almost every province of the country. It has mobilized more than 1.2 trillion Vietnamese dong (U.S.$60 million) to assist affected persons with housing, loans, healthcare, disaster recovery and scholarships. VAVA has also made significant strides in raising awareness in Vietnam and throughout the world about
the AO tragedy, garnering further support to aid affected people. VAVA also regularly sends delegations to meet with veterans’ peace groups in other nations as it mobilizes international support, and VAVA continues to press the U.S. government to assume responsibility for damages caused by AO.

VAVA’s accomplishments add to the collective efforts of the Vietnamese people to address this particular calamity of the war, together striving to gradually improve and stabilize the lives of people affected by AO. Coordination and cooperation with international NGOs have increased the capacity of VAVA, both in Vietnam and internationally, to respond to the ongoing needs of Vietnamese people living with the effects of AO. VAVA looks forward to continued partnership with the goal of easing the daily struggles of Vietnamese people living with the effects of AO.

Lieutenant General (retired) Nguyen Van Rinh is chairman of the Vietnam Association for Victims of Agent Orange/Dioxin (VAVA).

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VAVA website: vava.org.vn/?lang=en

The Aspen Institute: Agent Orange in Vietnam Program website: https://www.aspeninstitute.org/programs/agent-orange-in-vietnamprogram/

Martini, Edwin A. Agent Orange: History, Science, and the Politics of Uncertainty. Amherst, MA: University of Massachusetts Press, 2012.

Reanudando el trabajo del CCM en el Vietnam de posguerra

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

Desde 1976 (un año después de concluir la guerra) hasta 1989, los envíos anuales de ayuda y las visitas de las delegaciones del CCM a Vietnam continuaron a pesar de la ausencia de personal del CCM expatriado en el país. A principios de los años 80, un representante de CCM con sede en Bangkok trabajó a través de la organización vietnamita Aidresep para realizar viajes trimestrales a Vietnam, prestando asistencia en la selección de proyectos. En 1990, 15 años después de la guerra estadounidense en Vietnam, el CCM fue una de las primeras organizaciones no gubernamentales (ONG) norteamericanas en recibir permiso para abrir una oficina en Hanói, supervisada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Vietnam. Poco después de nuestra llegada a Hanói, estaba de compras en el mercado cuando una vendedora me preguntó: “¿Eres soviética o francesa?”. Le dije que era americana y que trabajaba para una organización de ayuda. Una amiga la llamó, preguntándole quién era yo. “Ella está reparando el daño de la guerra” fue su respuesta. Luego me dijo: “Las bombas estadounidenses mataron a mucha gente”, lo que implicaba, con una sonrisa, que era apropiado que yo estuviera ayudando a reparar el daño. Esta conversación y otras similares nos revelaron el debate interno en Vietnam y en el Ministerio de Relaciones Exteriores sobre cómo tratar a las personas y ONGs extranjeras. Rápidamente aprendimos que, para el CCM, una ONG asociada con el país del antiguo enemigo, trabajando en una era de posguerra, necesitaría redefinir su papel en el país y re-conceptualizar cómo la organización mediría el éxito.

En este contexto, el CCM no podría asociarse con iglesias locales como lo hace típicamente. Se nos aconsejó, por la seguridad de la iglesia local, ser muy cautelosos en cualquier contacto con las iglesias. En ese momento, no había ONG vietnamitas. Todas las organizaciones vietnamitas recibieron su mandato y apoyo del gobierno, por lo que “no gubernamental” era un concepto extranjero. El CCM continuó discutiendo con nuestros contactos del gobierno vietnamita nuestro deseo de asociarnos con organizaciones de base. En ausencia de esa posibilidad, el gobierno nos ayudó a establecer relaciones con varias universidades, oficinas del gobierno local, la Unión de Mujeres, departamentos de salud y hospitales. Dentro de estas entidades, a menudo encontramos líderes visionarios que estaban dispuestos a asumir riesgos para mejorar las vidas de aquellas personas a quienes estaban sirviendo. Algunas personas dentro y fuera del CCM criticaban nuestros vínculos con el gobierno vietnamita, pero esta era la forma en que teníamos que trabajar si queríamos estar en Vietnam con una presencia restauradora en solidaridad con el antiguo “enemigo” de nuestro país.

El CCM fue visto como un “viejo amigo” de Vietnam, que no había apoyado la guerra americana. Esto, a menudo, significaba que se nos veían como favorables al Norte; era difícil comunicar que éramos pacifistas, deseosos de atender a las necesidades humanas en ambos lados del conflicto. El CCM desempeñó tres papeles principales durante este período.

En primer lugar, el CCM proporcionó asistencia financiera, lo que legitimó la presencia del CCM ante los ojos del gobierno. Más allá de la ayuda tangible, el dinero también simbolizó la solidaridad con un pueblo sufriente y trajo esperanza para el futuro. Las cantidades de dinero eran relativamente pequeñas, y nuestros contactos gubernamentales a menudo presionaban por más.

En segundo lugar, el CCM buscó fortalecer los recursos humanos y proporcionar oportunidades profesionales. Durante los años de la guerra, las personas profesionales en Vietnam habían sido aisladas de los desarrollos en sus campos. Pudimos vincularlas con viajes de estudio, cursos cortos y oportunidades de estudios de postgrado, especialmente en Asia, pero también en Occidente.

Tercero, el personal del CCM funcionó como un puente para las comunidades norteamericanas, contando a los norteamericanos las historias del pueblo vietnamita que conocíamos y, explicándole a nuestros grupos asociados vietnamitas que representábamos a personas cristianas norteamericanas que querían ayudar a reparar el daño causado por la guerra. El CCM fue único entre las ONG internacionales que operaban en Vietnam en ese momento en tener un fuerte grupo de personas que sentían propiedad de la organización y la apoyaban financieramente.

Cuando volvimos a Vietnam en 2012, encontramos un grupo de jóvenes vietnamitas que habían estudiado desarrollo y estaban aplicando sus conocimientos a la situación en Vietnam. (En nuestros primeros años, ese grupo de personas aún no existía). También pudimos reunirnos con algunos de los primeros grupos asociados en los proyectos del CCM que nos dijeron: “Nunca olvidaremos que el CCM nos ayudó cuando estábamos en extrema necesidad después de la guerra”. Se refirieron a un viejo proverbio: Un grano de arroz cuando tienes hambre es más que un plato de arroz cuando tienes suficiente.

Janet Reedy, junto con su esposo, Stan, sirvió como representante de CCM supervisando el (re) establecimiento del programa de Vietnam en 1990. Los Reedys continuaron sirviendo en Vietnam hasta 1992.

Aprende mas

Bush, Perry. “Vietnam and the Burden of Mennonite History.” Conrad Grebel Review 17/2 (Spring 1999): 5-27.

Karnow, Stanley. Vietnam: A History. London: Penguin Books, 1997.

Rekindling MCC work in post-war Vietnam

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[Individual articles from the Spring 2017 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

From 1976 (a year after the war concluded) until 1989, annual MCC shipments of aid and visits of MCC delegations to Vietnam continued despite the absence of expatriate MCC workers in the country. Beginning in the early 1980s, an MCC representative based in Bangkok worked through the Vietnamese organization Aidresep to make quarterly trips to Vietnam, providing assistance to select projects. In 1990, 15 years after the American War in Vietnam, MCC was one of the first North American non-governmental organizations (NGOs) to receive permission to open an office in Hanoi, with oversight from Vietnam’s Ministry of Foreign Affairs. Shortly after our arrival in Hanoi, I was shopping in the market when a vendor asked, “Are you Soviet or French?” I told her I was an American working for an aid organization. A friend called to her, wondering who
I was. “She’s repairing war damage,” was the answer. Then she said to me, “American bombs killed lots of people,” implying, with a smile, that it was appropriate that I should be helping to repair the damage. This conversation and others like it revealed to us the internal debate within Vietnam and the Ministry of Foreign Affairs over how to handle foreigners and foreign NGOs. We quickly learned that for MCC, an NGO associated
with the country of the former enemy, working in a post-war era would necessitate redefining its role in the country and reconceptualizing how the organization would measure success.

In this context, MCC could not partner with local churches as it typically does. We were advised, for the security of the local church, to be very cautious in any contacts with the churches. At that time, there were no Vietnamese NGOs. All Vietnamese organizations received their mandate and support from the government, so “non-government” was a foreign concept. MCC continued to discuss with our Vietnamese government contacts our desire to partner with grassroots organizations. In the absence of that possibility, the government helped to broker relationships with several universities, local government offices, the Women’s Union, health departments and hospitals. Within these entities, we often found visionary leaders who were willing to take risks to bring about improvement in the lives of those they were serving. Some people within and outside of MCC were critical of our ties with the Vietnamese government, but this was the way we had to work if we wanted to be in Vietnam as a restorative presence in solidarity with our country’s former “enemy.”

MCC was seen as an “old friend” of Vietnam, who had not supported the American War. This often meant that we were seen as supportive of the North; it was difficult to communicate that we were pacifists, desiring to minister to human need on both sides of the conflict. MCC played three main roles during this period.

First, MCC provided financial assistance, which legitimized MCC’s presence in the eyes of the government. Beyond the tangible assistance, the money also symbolized solidarity with a suffering people and brought hope for the future. The amounts of money were relatively small, and our government contacts often pressed for more.

Second, MCC sought to strengthen human resources and provide professional opportunities. During the war years, professionals in Vietnam had been cut off from developments in their fields. We were able to link them with study tours, short courses and graduate study opportunities—particularly in Asia, but also in the West.

Third, MCC workers functioned as a bridge to North American communities, telling North Americans the stories of the Vietnamese people we had come to know and explaining to our Vietnamese partners that we represented North American Christians who wanted to help repair the harm done by the war. MCC was unique among the international NGOs operating in Vietnam at the time in having a strong constituency of people who felt ownership in the organization and supported it financially.

When we returned to Vietnam in 2012, we found a cohort of young Vietnamese who had studied development and were applying their knowledge to the situation in Vietnam. (In our early days there, such a group of people did not yet exist.) We also were able to meet with some of MCC’s early project partners who told us, “We will never forget that MCC
helped us when we were in extreme need after the war.” They referred to an old proverb: A grain of rice when you are hungry means more than a bowl of rice when you have enough.

Janet Reedy, together with her husband, Stan, served as MCC representative overseeing the (re)establishment of the Vietnam program in 1990. The Reedys continued to serve in Vietnam until 1992.

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Bush, Perry. “Vietnam and the Burden of Mennonite History.” Conrad Grebel Review 17/2 (Spring 1999): 5-27.

Karnow, Stanley. Vietnam: A History. London: Penguin Books, 1997.

Tensiones en CCM Canadá sobre su reasentamiento de personas refugiadas vietnamitas

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

A finales de 1978, los Menonitas canadienses vieron en sus pantallas de televisión la crisis de la “gente del barco”. Las imágenes de personas refugiadas vietnamitas que huían de su país en embarcaciones superpobladas y decrépitas, arriesgando los peligros de los mares abiertos y la amenaza de incursiones piratas, movieron a los Menonitas a la acción. Comenzaron a llamar a las oficinas de CCM en todo el país, preguntando cómo podían ayudar. La respuesta del CCM Canadá a la crisis de personas refugiadas de Vietnam involucró tensiones que persisten dentro del CCM hasta el día de hoy —es decir, una tensión entre reasentar compasivamente a las personas refugiadas o abordar proactivamente las realidades que crean refugiados en primer lugar.

Tras el fin de la guerra en Vietnam, una nueva ley de inmigración canadiense permitió a grupos aprobados de individuos patrocinar a una persona refugiada si los grupos asumían la obligación financiera y responsabilidad total por un año. En respuesta a un mandato de la reunión anual del CCM Canadá en enero de 1979, el personal comenzó las negociaciones con el gobierno federal, con la esperanza de acelerar el proceso de aprobación y resolver la cuestión de las obligaciones legales.

Estas negociaciones prosiguieron rápidamente y el 9 de marzo de 1979, el CCM Canadá firmó un Acuerdo Maestro de Patrocinio Privado de Refugiados con el gobierno.
Este acuerdo le permitió al CCM aprobar los grupos de patrocinadores constituyentes — en su mayoría congregaciones de iglesias, pero también grupos de al menos cinco individuos. Otras iglesias nacionales y organizaciones eclesiásticas posteriormente firmaron acuerdos similares.

Las congregaciones Menonitas y Hermanos en Cristo respondieron con entusiasmo a la invitación de patrocinar de manera privada a personas refugiadas vietnamitas. En los primeros dos años, habían patrocinado a 3.769 personas refugiadas; en 1985, el número había aumentado a 4.651. Más de la mitad de las congregaciones constituyentes del CCM en todo el país se involucraron en el patrocinio de personas refugiadas; algunas congregaciones patrocinaban una familia tras otra.

Las razones de su entusiasta participación en el patrocinio de personas refugiadas fueron muchas. Algunas personas menonitas canadienses recordaban sus propias historias como refugiados y podían relacionarse con la situación vietnamita. (En la década de 1920, con la ayuda del CCM, 21.000 menonitas habían huido de Rusia para Canadá; a finales de los años 40 y 50, otros 8.700 llegaron a través de Europa o América Latina). Algunos patrocinadores estaban especialmente dispuestos a ayudar a los que huían del régimen comunista como lo habían hecho ellos. Otros que habían protestado activamente contra la guerra de Vietnam consideraron el patrocinio de personas refugiadas como una respuesta de paz. Otros simplemente deseaban extender la bienvenida y la compasión a un pueblo que sufría.

El programa de asistencia a personas refugiadas del CCM Canadá no fue exento de controversias. Un factor fue el papel del CCM Canadá dentro del programa internacional más amplio del CCM. En ese momento, el CCM Canadá no tenía supervisión directa sobre el trabajo internacional, que era responsabilidad de una entidad informalmente conocida como “CCM Binacional”, con sede en Akron, Pensilvania. Cuando uno de los líderes del CCM Canadá se insertó en el trabajo del programa internacional y presionó fuertemente por el reasentamiento de refugiados, ofendió gravemente al personal del CCM en Tailandia (donde el trabajo del CCM en Vietnam se basó en los años de la posguerra), así como algunos colegas del CCM en Akron.

En un nivel más profundo, la controversia reflejó un debate sobre si el CCM debería dar prioridad al reasentamiento de personas refugiadas en Canadá o al desarrollo económico en la región de posguerra. ¿Debería invertir el CCM tiempo significativo y recursos financieros para ayudar a las personas refugiadas a encontrar nuevos hogares en Canadá? ¿O debería dedicarse a apoyar el desarrollo socioeconómico en Vietnam (y también presionar para que Estados Unidos levantara su embargo sobre Vietnam), impidiendo así que la gente experimente la necesidad de huir de sus hogares en primer lugar?

El personal del CCM en el sudeste asiático claramente favoreció lo segundo. Vieron que muchas de las personas refugiadas que huían de Vietnam estaban entre la gente que más necesitaba el país —tenían educación y recursos financieros— y sentían que el reasentamiento de personas refugiadas era una “fuga de cerebros”. Observaron cómo los campos masivos de personas refugiadas en Tailandia causaron el resentimiento entre la gente tailandesa, y querían que el CCM priorizara el trabajo a largo plazo en materia de justicia y desarrollo socioeconómico.

Estas tensiones recibieron una difusión pública en algunos periódicos menonitas canadienses. El Menonite Brethren Herald, por ejemplo, publicó varias críticas contundentes por parte de los constituyentes sobre administradores y personal del CCM en Tailandia. Al final, tres personas del CCM en Tailandia renunciaron, heridas y frustradas por la falta de confianza en ellas personalmente, la falta de comprensión del contexto y lo que percibían como el afán de los constituyentes canadienses por una “respuesta rápida” en lugar de una atención sostenible a soluciones a largo plazo.
El CCM envió a un miembro de la junta con dones pastorales en una asignación de tres meses para tratar de reconstruir la moral entre los miembros restantes del equipo.

El CCM sigue enfrentando decisiones desafiantes sobre cómo responder a las situaciones complejas de las personas refugiadas. Así, por ejemplo, ante el desplazamiento masivo dentro y desde Siria, los líderes de la iglesia siria llaman al CCM a apoyar para que las personas sirias desplazadas permanezcan dentro de la región. Al mismo tiempo, sin embargo, los Menonitas canadienses se han movilizado con entusiasmo para darles la bienvenida a las personas refugiadas sirias. Sin duda, el reasentamiento de personas refugiadas no debería ser la única respuesta del CCM al desplazamiento masivo. Sin embargo, al mismo tiempo, el programa de patrocinio de personas refugiadas —nacido en los años posteriores a la Guerra de Vietnam, con una importante participación del CCM Canadá— sigue siendo una forma importante en la que el CCM responde a las crisis de personas refugiadas. El programa de patrocinio privado de refugiados ha demostrado ser una forma muy exitosa de integrar a las personas recién llegadas a Canadá. Los Menonitas canadienses, apoyados por el CCM, siguen desempeñando un papel importante en el patrocinio privado de personas refugiadas de todo el mundo.

Esther Epp-Tiessen es Coordinadora de Participación Pública de la Oficina en Ottawa del CCM Canadá.

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MCC Canada Refugee Resettlement website: https://mcccanada.ca/stories/refugee-resettlement

Kumin, Judith. “Orderly Departure from Vietnam: Cold War Anomaly or Humanitarian Innovation?” Refugee Survey Quarterly 27/1 (2008): 104-117.

Tensions in MCC Canada’s resettlement of Vietnamese refugees

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Late in 1978, Canadian Mennonites saw the crisis of the “boat people” unfold on their television screens. Images of Vietnamese refugees fleeing their country in overcrowded and decrepit boats, risking the dangers of the open seas and the threat of pirate raids, moved Mennonites to action. They began to phone MCC offices across the country, asking how to help. MCC Canada’s response to the Vietnam refugee crisis involved struggles that endure within MCC to this day—namely, a tension between compassionately resettling refugees and proactively addressing the realities that create refugees in the first place.

Following the end of the war in Vietnam, a new Canadian immigration law allowed approved groups of individuals to sponsor a refugee if the groups assumed full responsibility and financial liability for one year. In response to a directive from MCC Canada’s annual meeting in January 1979, staff began negotiations with the federal government, hoping to expedite the process of approval and settle the liability issue. These negotiations proceeded quickly and on March 9, 1979, MCC Canada signed a Master Agreement on Private Refugee Sponsorship with the government. This agreement allowed MCC to approve constituent sponsoring groups—mostly church congregations, but also groups of at least five individuals. Other national churches and church organizations subsequently signed similar agreements.

Mennonite and Brethren in Christ congregations responded enthusiastically to the invitation to privately sponsor Vietnamese refugees. Within the first two years, they had sponsored 3,769 refugees; by 1985, the number had risen to 4,651. More than half of MCC’s constituent congregations across the country became involved in refugee sponsorship; some congregations sponsored one family after another.

The reasons for their eager involvement in refugee sponsorship were many. Some Canadian Mennonites remembered their own refugee stories and could relate to the plight of the Vietnamese. (In the 1920s, 21,000 Mennonites had fled Russia for Canada, with the assistance of MCC; in the late 1940s and 50s, another 8,700 arrived via Europe or Latin America.) Some sponsors were especially eager to assist those fleeing a Communist
regime as they had. Others who had actively protested the Vietnam War saw refugee sponsorship as a peace response. Still others simply wished to extend welcome and compassion to suffering people.

MCC Canada’s refugee assistance program was not without controversy. One factor was MCC Canada’s role in the larger MCC international program. At that time, MCC Canada did not have direct supervision over international work, which was the responsibility of an entity informally known as “MCC Binational,” based in Akron, Pennsylvania. When a senior MCC Canada staff person inserted himself into the program work and pushed hard for refugee resettlement, he seriously offended MCC workers in Thailand (where MCC’s Vietnam-related work was based in the post-war years), as well as some MCC colleagues in Akron.

At a deeper level, the controversy reflected a debate over whether MCC should prioritize refugee resettlement in Canada or economic development in the post-war region. Should MCC invest significant time and financial resources in helping refugees find new homes in Canada? Or should it devote itself to supporting socio-economic development in Vietnam (and also press for the U.S. to lift its embargo on Vietnam), thereby preventing
people from experiencing a need to flee their homes in the first place?

MCC workers in Southeast Asia clearly favored the latter. They saw that many of the refugees fleeing Vietnam were among the people the country needed most—those with education and financial resources—and felt that refugee resettlement was a “brain drain.” They observed how massive refugee camps in Thailand caused resentment among the Thai people, and they wanted MCC to prioritize long-term justice and socioeconomic development work.

These tensions received a public airing in some Canadian Mennonite periodicals. The Mennonite Brethren Herald, for example, published several hard-hitting critiques by constituents regarding MCC administrators and MCC service workers in Thailand. Eventually three workers in Thailand resigned, hurt and frustrated by the lack of trust in them personally, the lack of understanding of the complexities of the context and what they perceived as the Canadian constituency’s eagerness for a “quick-fix” response rather than sustained attention to longer-term solutions. MCC sent a board member with pastoral gifts on a three-month assignment to try to re-build morale among the remaining team members.

MCC continues to face challenging decisions about how to respond to complex refugee situations. So, for example, in the face of mass displacement within and from Syria, Syrian church leaders call on MCC to support displaced Syrians in staying within the region. At the same time, however, Canadian Mennonites have eagerly mobilized to welcome Syrian refugees. To be sure, refugee resettlement should not be the only MCC
response to mass displacement. At the same time, however, Canada’s private refugee sponsorship program—birthed in the years after the Vietnam War, with significant MCC Canada involvement—remains an important way that MCC responds to refugee crises. The private refugee sponsorship program has proven to be a highly successful way of integrating newcomers into Canada, with Canadian Mennonites, supported by MCC, continuing to play a significant role in private sponsorship of refugees from around the
world.

Esther Epp-Tiessen is MCC Canada’s Ottawa Office Public Engagement Coordinator.

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MCC Canada Refugee Resettlement website: https://mcccanada.ca/stories/refugeeresettlement

Kumin, Judith. “Orderly Departure from Vietnam: Cold War Anomaly or Humanitarian Innovation?” Refugee Survey Quarterly 27/1 (2008): 104-117.

La Iglesia Menonita de Vietnam: sentando las bases de la paz a la sombra de la guerra

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de la Primavera del 2017 se publicaran en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

Poco después de la firma de los Acuerdos de Ginebra en 1954 para poner fin a la guerra Indochina Francesa y dividir temporalmente a Vietnam en zonas septentrionales y meridionales, el Comité Central Menonita (CCM) llegó a Vietnam para apoyar el trabajo caritativo hacia el pueblo vietnamita sin importar su afiliación religiosa, etnia o ideología política. La organización trabajó junto con la Iglesia Protestante de Vietnam (ECVN por sus siglas en inglés) y la Alianza Cristiana y Misionera (C&MA siglas en inglés), que tenía una presencia en Vietnam ya en 1911. Mientras que los Menonitas norteamericanos llegaron a Vietnam para responder a las necesidades humanas básicas a raíz de la Guerra Indochina Francesa, su presencia y su compromiso con el establecimiento de la paz tuvieron una profunda influencia en quienes eventualmente formarían la Iglesia Menonita de Vietnam (IMV).

La primera actividad del CCM en Vietnam fue ayudar a distribuir alimentos, ropa y colchas para las personas que migraban hacia el sur, trabajando en estrecha colaboración con el equipo de socorro de ECVN. El CCM también proporcionó medicina para los campos de lepra operados por C&MA entre las minorías étnicas en la ciudad de Buon Me Thuot en las tierras altas centrales durante muchos años. En 1960, el CCM se asoció con ECVN para construir y operar una clínica de salud en la ciudad de Nha Trang a lo largo de la costa sur-central. El CCM mantuvo una oficina en Saigón (ahora llamada Ciudad Ho Chi Minh).

Cuando la Guerra de los Estados Unidos se extendió en Vietnam, el CCM se asoció con otras dos organizaciones—el Servicio Mundial de Iglesias y Lutheran World Relief— para operar colectivamente como Servicio Cristiano de Vietnam (VNCS por sus siglas en inglés) de 1966 a 1972. Las actividades de IMV apoyaban a las personas desplazadas en áreas de Vietnam central como Quang Ngai, Tam Ky y Hue; a los agricultores de las tierras altas en Di Linh y Pleiku; y, junto con ECVN, también construyó una clínica de salud en Pleiku. Muchos proyectos de trabajo social y otros esfuerzos de atención de la salud se llevaron a cabo en Saigón y sus alrededores.

La Junta de Misiones y Caridades Mennonitas del Este (EMBMC por sus siglas en inglés—ahora Misión Menonita del Este, o EMM por sus siglás en inglés) envió personal por primera vez a Vietnam en 1957 para predicar el evangelio y establecer la iglesia. Después de un período de aprendizaje del vietnamita, estos nuevos trabajadores y trabajadoras invitaron a sus vecinas, vecinos y estudiantes a estudiar la Biblia, compartir su fe, organizar clases de inglés, distribuir folletos y organizar muchos otros programas y actividades sociales para ayudar a la gente. Los nuevos creyentes y el personal del ECVN trabajaron juntos en el trabajo evangélico y social.

Junto con sus colegas vietnamitas, el personal de EMBMC imaginaron, establecieron y operaron un centro Menonita frente a un gran hospital público en el centro de Saigón. EMBMC compró el espacio de 7.500 pies cuadrados en 1960 como un centro estudiantil (compartiendo el espacio con la oficina de EMBMC), el cual fue la sede para muchas actividades: clases de inglés para cientos de estudiantes (a veces utilizando la historia de Jesús en el plan de estudios), una biblioteca y sala de lectura para estudiantes y un gimnasio. Muchas personas se inscribieron para los cursos bíblicos ofrecidos los fines de semana, además de los servicios regulares del domingo. Las primeras personas creyentes fueron bautizadas en 1961. Un segundo centro Menonita se inauguró en Gia Dinh (ahora distrito de Binh Thanh), Ciudad de Ho Chi Minh: este centro sirvió como punto focal para los esfuerzos Menonitas para ayudar a familias económicamente marginadas durante la guerra. EMBMC también compró una pequeña instalación de 120 metros cuadrados en 1973 en Binh Hoa, a pocas cuadras de la oficina principal de Gia Dinh. Aquí, una guardería ayudó a familias pobres.

En 1970, las Misiones Menonitas de Vietnam comenzaron su ministerio en Can Tho, la ciudad más grande del Delta del Mekong, a unos 170 kilómetros al sur de Saigón. Entre sus actividades se realizaron clases bíblicas, clases de inglés y cursos de costura para mujeres jóvenes. Estudiantes universitarios de ECVN adquirieron una instalación de 333 metros cuadrados en la calle Tu Duc en febrero de 1975 para usarla como dormitorio de estudiantes con espacio para comer, estudiar y adorar a Dios durante la semana.

El 30 de abril de 1975, cuando la guerra terminó y Vietnam volvió ser un país unificado, todo el personal de EMBMC necesitaba salir de Vietnam. Algunas personas Menonitas vietnamitas tuvieron que evacuar hacia el extranjero o regresar a sus ciudades natales en varias partes del país. Casi todas las actividades de la iglesia y del centro cristiano fueron detenidas durante la transición del gobierno. Poco después, el gobierno emitió un anuncio exigiendo que todas las actividades semanales de las iglesias templos y los eventos a gran escala fueran registradas con las autoridades estatales. Debido a que el liderazgo de las iglesias menonitas estaba intencionalmente disperso, la IMV no pudo completar todos los requisitos de registro. En junio de 1978, el gobierno tomó control de las propiedades de las iglesias menonitas.

En los años siguientes, bajo la dirección del pastor Nguyen Quang Trung, los miembros de las iglesias Menonitas adoraban con otras congregaciones que habían completado el proceso de registro (por ejemplo, ECVN y Grace Baptist Church), esperando el día en que pudieran volver a operar en su propio local. Durante este tiempo, el pastor Trung visitó y oró con las familias menonitas. A principios de 1983, la junta ejecutiva de la Iglesia Menonita de Vietnam y el pastor Trung acordaron que el Señor estaba guiando a la congregación para comenzar a adorar en la casa del pastor. La asistencia continuó creciendo con creyentes fieles comprometidos a seguir al Señor y con más de 70 personas reunidas para las celebraciones navideñas.

La IMV se esfuerza por operar en un espíritu constructivo de paz, recurriendo siempre a la paz como guía para sus actividades. Específicamente, durante y después de la guerra, la iglesia hizo un llamado a las personas creyentes a sanar y construir el país a través de métodos pacíficos, no con violencia. Con este espíritu, la iglesia estableció centros de socorro y clínicas de salud para ayudar a las personas que sufrían en medio de la violencia. Las personas creyentes menonitas deben asumir la responsabilidad de las personas que les rodean y unirse en la interacción con las demás personas de una manera pacífica.

La IMV se formó en medio del tumulto de la guerra. Ahora, la iglesia se encuentra en una posición favorable, alcanzada en parte con el apoyo de los Menonitas americanos. La IMV continuará construyendo la paz en Vietnam y también en todo el mundo. Este mensaje de paz es acogido por la comunidad cristiana y es también la filosofía de la vida para interactuar con nuestras vecinas y vecinos.

Huynh Minh Dang es Secretario General de la Iglesia Menonita de Vietnam

Aprende mas

Martin, Luke S., Nguyen Quang Trung, Nguyen Thanh Tam and Nguyen Thi Tam, “The Mennonite Church in Vietnam.” In Churches Engage Asian Traditions. Ed. C. Arnold Snyder and John A. Lapp, 315-336. Intercourse, PA: Good Books, 2011.