El CCM en Rusia: los primeros dos meses

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de Invierno 2020 se publican dos veces blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

La decisión de las organizaciones de ayuda Menonitas que representaban a las diversas iglesias Menonitas de formar un comité central en 1920 creó un nuevo enfoque para el trabajo de ayuda entre los menonitas. La devastación física y material sufrida por los menonitas durante la Guerra Civil Rusa convenció a las organizaciones de ayuda existentes en los Estados Unidos de unir sus recursos para ayudar a sus correligionarios en Rusia. La trágica situación de los menonitas en Rusia coincidió con el compromiso de posgurerra con la ayuda humanitaria dentro de las comunidades menonitas. Durante la Primera Guerra Mundial, muchos hombres menonitas jóvenes trabajaron bajo los auspicios de la Cruz Roja y la Sociedad de Amigos para defender el principio de la no resistencia y ofrecer un testimonio proactivo de la paz durante este tiempo de sufrimiento. Después de la guerra, creció un fuerte deseo de establecer una organización internacional de ayuda dirigida por menonitas. Las circunstancias en Rusia ofrecieron la oportunidad a los menonitas de organizar un esfuerzo de ayuda independiente en el escenario internacional.

Como muchos relatos de la historia del origen del CCM enfatizan el ayuda de la hambruna de 1921-1922, después de que los bolcheviques habían establecido el poder, uno puede fácilmente pasar por alto que el CCM comenzó su trabajo antes del inicio de las condiciones de hambruna. Los primeros dos meses de trabajo de ayuda en Rusia demuestran los desafíos de las actividades exploratorias del CCM en un entorno de guerra civil que cambiaba rápidamente. Cuando Orie O. Miller, Arthur Slagel y Clayton Kratz, el primer grupo de trabajadores de ayuda del CCM, llegaron a Constantinopla (actual Estambul), elegida como el punto más accesible desde el cual coordinar las medidas de ayuda en Rusia, representaban a una organización muy pequeña que buscaba acceder a un territorio con un panorama político muy complejo.

Durante la Primera Guerra Mundial, muchos hombres Menonitas jóvenes trabajaron bajo los auspicios de la Cruz Roja y la Sociedad de Amigos para defender el principio de la no resistencia y ofrecer un testimonio proactivo de la paz durante este tiempo de sufrimiento. Después de la guerra, creció un fuerte deseo de establecer una organización de ayuda internacional Menonita.

Miller navegó astutamente las condiciones políticas y burocráticas conectándose con funcionarios estadounidenses y organizaciones de ayuda en el terreno. Aunque el grupo solo llegó a Constantinopla a fines de septiembre de 1920, a principios de octubre, Miller y Kratz se dirigían a la Península de Crimea con cuatro mil dólares en su equipaje en un destructor estadounidense. Tan pronto como llegaron, Miller contactó al almirante Newton McCully, quien estaba estacionado en Sebastopol para reunir inteligencia para los Estados Unidos. Utilizando una carta de presentación obtenida durante su corta estadía en Constantinopla, Miller recibió una cálida bienvenida del almirante, quien prometió ayuda y apoyo de los funcionarios estatales estadounidenses, incluyendo una oferta de mover pequeñas cantidades de mercancías en los barcos estadounidenses y el uso de sus sistema de radio para enviar mensajes. Lo más importante es que Miller obtuvo otra carta de presentación, que lo ayudó a conectarse con representantes del gobierno del general Piotr Wrangel. Estos contactos acordaron proporcionar a Miller y Kratz pases ferroviarios gratuitos en territorio controlado por las fuerzas de Wrangel, para ellos y sus bienes. También se les dio un traductor y cartas de presentación para su viaje. El viajar en tren les permitió llegar al día siguiente a Melitopol, donde fueron recibidos por menonitas locales y asistieron a un culto en la iglesia Menonita local. Desde allí continuarían su viaje, pasando varios días en Halbstadt antes de llegar a Aleksandrovsk (actual Zaporizhzhia).

Mientras Miller y Kratz estudiaban las necesidades de la población local, descubrieron que los menonitas todavía tenían acceso a alimentos, al menos por un invierno más, pero tenían muy poco de otras cosas. Miller informó a los funcionarios del CCM en Estados Unidos que “el país está literalmente despojado de todo lo que las personas civilizadas suelen considerar como necesidades de la vida fuera de los alimentos. No hay jabón, ni hilo, ni agujas, ni botones, ni zapatos, ni implementos agrícolas, ni caballos, etc.”. El acceso a la ropa constituía una de las necesidades más urgentes. La mayor parte de su ropa había sido robada durante la guerra civil y muchas personas simplemente solo tenían la ropa que llevaban puesta. “Solo piensen en tener que usar toda su ropa todo el tiempo, probablemente lavándola por la noche en agua fría sin jabón, dejándola secar durante la noche y luego poniendo[sela] otra vez”, escribió Miller. Para hacerle frente a estas condiciones, Miller y Slagel compraron 4,000 yardas de franela, seis máquinas de coser Singer, 50 cajas de leche, 100 barras de jabón y 1,000 yardas de terliz para camas. Para su próximo viaje a la región, Miller también propuso ayudar a los hospitales menonitas locales y establecer un orfanato para ayudar a los niños y niñas menonitas cuyos padres y madres habían muerto como resultado de la guerra civil.

Estos trabajadores de ayuda iniciales lucharon por evaluar con precisión la situación militar. Antes de su primer viaje a Rusia, Miller confiaba en que el general Wrangel, que comandaba las fuerzas del Ejército Blanco contra el Ejército Rojo bolchevique, mantendría el control de gran parte del sur de Rusia (en la actual Ucrania). Tal y como Miller escribió al secretario-tesorero ejecutivo del CCM, Levi Mumaw: “Los bolcheviques probablemente han alcanzado su máximo límite y nunca podrán volver a hacer retroceder [al general Wrangel], en cuyo caso se pueden abrir las líneas a Halbstadt bastante rápido con un poco de diplomacia”. Esta interpretación de la situación resultaría ser incorrecta. Poco después de que Miller y Kratz llegaran a Aleksandrovsk, los bolcheviques avanzaron a través de la línea, causando una desastrosa evacuación de la ciudad. En su diario, Miller describió proyectiles de mortero que explotaron a doscientos metros de su vagón de tren: “Todavía siento un hormigueo nervioso por la experiencia, no tanto de miedo por lo que pudo haberme pasado a mí mismo y a mi propio cuerpo, como por lo que podría haber resultado [a mi familia] tan lejos, si la ráfaga de la metralla me hubiera herido severamente o matado o hubiéramos caído en manos de los rojos”. Miller logró escapar de Aleksandrovsk y regresar a Sebastopol, donde alquiló espacio de oficina para su próximo trabajo de ayuda y dejó US $ 1,200 con el Comercio Exterior Americano para Kratz, quien había decidido quedarse atrás y viajar de regreso a Halbstadt. Durante el segundo viaje de Miller a Crimea a mediados de noviembre, toda la operación, de manera muy repentina, se volvió completamente inviable. Aunque las tropas de Wrangel habían sufrido derrotas cerca de las colonias menonitas, nadie había esperado que todo el territorio de Crimea cayera en manos de los bolcheviques. Cuando llegó a las costas de Sebastopol, la evacuación de la ciudad estaba ya en marcha. Miller tenía solo cinco horas en la ciudad para completar sus tareas.

A pesar de tales contratiempos, Miller demostró talento para reaccionar en el campo ante circunstancias que cambiaban rápidamente. En lugar de aceptar el cese del trabajo del CCM, Miller trabajó con un líder menonita local, Kornelius Hiebert, para diseñar un plan de trabajo bajo el gobierno bolchevique. Cuando Miller comprendió que tomaría tiempo establecer un nuevo sistema mediante el cual el CCM pudiera mover dinero y bienes a la región, propuso que los menonitas rusos reunieran dinero entre ellos y recibieran pagarés por estas contribuciones que se pagarían una vez que los canales pudieran ser abiertos. Este dinero se usaría para el esfuerzo de ayuda bajo la autoridad de Kratz. Esta idea, sin embargo, dependía de la aparición de Kratz. Desde que se separaron en Aleksandrovsk, Miller no había tenido noticias del joven de 23 años. De hecho, nadie sabía la ubicación de Kratz después de que fue arrestado por funcionarios bolcheviques en Halbstadt. Hasta el día de hoy, el destino de Kratz sigue siendo un misterio.

La victoria del Ejército Rojo obligó a los trabajadores de ayuda del CCM a idear un nuevo enfoque para la región. El establecer una base en Crimea ya no era una opción. Las negociaciones para acceder al territorio ahora tenían que llevarse a cabo en Moscú y en Kharkov, la capital de la nueva República Socialista de Ucrania, con funcionarios bolcheviques. La asistencia humanitaria del CCM a los menonitas y otros en el sur de Rusia terminaría llegando a través de los canales de la American Relief Administration dirigida por Herbert Hoover.

Octubre de 1922. Los tractores estadounidenses llegaron a Khortitsa, en el sur de Rusia, en octubre de 1922. La foto muestra la apertura oficial de los trabajos de reconstrucción con funcionarios del gobierno en el campo. El CCM envió dos embarques de 25 tractores a asentamientos menonitas en el sur de Rusia en 1922. Como parte del trabajo de rehabilitación del CCM, los menonitas en el sur de Rusia cultivaron una cantidad considerable de centeno y cebada. (Foto del CCM).

Aileen Friesen es profesora asistente de historia en la Universidad de Winnipeg.


Juhnke, James C. “Turning Points, Broken Ice, and Glaubensgenossen: What Happened at Prairie Street on July 27-28, 1920?” In A Table of Sharing: Mennonite Central Committee and the Expanding Networks of Mennonite Identity. Ed. Alain Epp Weaver, 66-83. Telford, PA: Cascadia, 2010.

Miller, Orie O. The Orie O. Miller Diary, 1920-1921. Kitchener, ON: Pandora Press, 2018.

Sharp, John. My Calling to Fulfill: The Orie O. Miller Story. Harrisonburg, VA: Herald Press, 2015. Toews, Paul, with Aileen Friesen. The Russian Mennonite Story:The Heritage Cruise Lectures. Winnipeg: Centre for Transnational Mennonite Studies, 2018.

MCC in Russia: the first two months

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[Individual articles from the Winter 2020 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

The decision by Mennonite relief organizations representing diverse Mennonite churches to form a central committee in 1920 created a new approach to relief work among Mennonites. The material and physical devastation suffered by Mennonites during the Russian Civil War convinced existing relief organizations in the United States to pool their resources to help their co-religionists in Russia. The tragic situation of Mennonites in Russia dovetailed with a post-war commitment to relief aid within Mennonite communities. During the First World War, many young Mennonite men worked under the umbrella of the Red Cross and the Society of Friends to uphold the principle of nonresistance and to offer a proactive witness to peace during a time of suffering. After the war, a strong desire to establish a Mennonite-led international relief organization grew. The circumstances in Russia offered the opportunity for Mennonites to organize an independent relief effort on the international stage.

As many retellings of MCC’s origin story emphasize the famine relief of 1921-1922, after the Bolsheviks had established power, one can easily overlook that MCC started its work before the onset of famine conditions. The first two months of relief work in Russia demonstrate the challenges of MCC’s exploratory activities in a rapidly changing environment of civil war. When Orie O. Miller, Arthur Slagel and Clayton Kratz, the first group of MCC relief workers, arrived in Constantinople (present-day Istanbul), chosen as the most accessible point from which to coordinate relief measures into Russia, they represented a very small organization seeking to access a territory with a complex political landscape.

During the First World War, many young Mennonite men worked under the umbrella of the Red Cross and the Society of Friends to uphold the principle of nonresistance and to offer a proactive witness to peace during a time of suffering. After the war, a strong desire to establish a Mennonite-led international relief organization grew.

Miller astutely navigated the political and bureaucratic conditions by connecting with American officials and relief organizations on the ground. Even though the group only arrived in Constantinople at the end of September 1920, by the beginning of October, Miller and Kratz were on their way into the Crimean Peninsula with four thousand dollars in their luggage on an American destroyer. As soon as they arrived, Miller reached out to Admiral Newton McCully, who was stationed in Sevastopol to gather intelligence for the United States. Using a letter of introduction procured during their short-stay in Constantinople, Miller received a warm welcome from the admiral, who promised help and support from American state officials, including an offer of moving small amounts of goods on American ships and the use of their radio system for sending messages. Most importantly, Miller obtained another letter of introduction, which helped him to connect with representatives of General Piotr Wrangel’s government. These contacts agreed to provide Miller and Kratz with free rail passes in territory controlled by Wrangel’s forces for themselves and their goods. They were also given a translator and letters of introduction for their journey. Travelling by train allowed them to arrive the next day in Melitopol, where they were greeted by local Mennonites and attended a service in the local Mennonite church. From there they would continue their journey, spending several days in Halbstadt before arriving in Aleksandrovsk (present-day Zaporizhzhia).

As Miller and Kratz surveyed the needs of the local population, they found that Mennonites still had access to food, at least for one more winter, but they had little of anything else. Miller reported to MCC officials in the United States that “the country is literally stripped of all that civilized people usually consider the necessities of life outside of food. There is no soap, no thread, no needles, no buttons, no shoes, no farming implements, no horses, etc.” Access to clothing constituted one of the direst needs. Most of their clothing had been stolen during the civil war and many people simply had the clothes on their backs. “Just think of wearing all your clothes all the time, probably washing them in the evening in cold water without soap, letting them dry during the night and then put[ting] them on again,” Miller wrote. To address these conditions, Miller and Slagel purchased 4,000 yards of flannelette, six Singer sewing machines, 50 cases of milk, 100 bars of soap and 1,000 yards of bed ticking. For their next trip into the region, Miller also proposed helping the local Mennonite hospitals and establishing an orphanage to help Mennonite children whose parents had died as a result of the civil war.

October 1922. American tractors arrived in Khortitsa, southern Russia, in October 1922. Photo shows the official opening of reconstruction work with government officials on the ground. MCC sent two shipments of 25 tractors to Mennonite settlements in southern Russia in 1922. As part of MCC’s rehabilitation work, Mennonites in southern Russia cultivated a considerable amount of rye and barley. (MCC photo)

These initial relief workers struggled to accurately assess the military situation. Before his first trip into Russia, Miller felt confident that General Wrangel, who commanded White Army forces against the Bolshevik Red Army, would maintain control of much of southern Russia (in present-day Ukraine). As Miller wrote to MCC’s executive secretary-treasurer, Levi Mumaw: “The Bolshevists probably have passed the high-water mark in their career and will never be able again to drive [General Wrangel] back, in which case lines to Halbstadt can be opened rather quickly with a little diplomacy.” This interpretation of the situation would prove to be wrong. Soon after Miller and Kratz arrived in Aleksandrovsk, the Bolsheviks pushed through the line, causing a harrowing evacuation from the city. In his diary, Miller described mortar shells exploding two hundred yards from their train car: “I still feel tingling nerves from the experience, not so much from fear for myself and my own body, as from what might have resulted to [my family] so far away, if bursting shrapnel would have severely wounded or killed me or should we have fallen into the hands of the Reds.” Miller managed to escape from Aleksandrovsk and return to Sevastopol, where he rented office space for their forthcoming relief work and left US$1,200 with the American Foreign Trade for Kratz, who had decided to remain behind and travel back to Halbstadt.

During Miller’s second trip to Crimea in mid-November, the entire operation quite suddenly became completely unfeasible. Although Wrangel’s troops had suffered defeats near the Mennonite colonies, no one had expected that the entire territory of the Crimea would fall into the hands of the Bolsheviks. As he arrived on the shores of Sevastopol, the evacuation of the city was fully underway. Miller had a mere five hours in the city to complete his tasks. Despite such setbacks, Miller showed a talent in reacting on the ground to rapidly changing circumstances. Instead of accepting the cessation of MCC’s work, Miller worked with a local Mennonite leader, Kornelius Hiebert, to devise a plan for work under Bolshevik rule. As Miller understood that it would take time to establish a new system by which MCC could move money and goods into the region, he proposed that Russian Mennonites should gather money among themselves and be issued promissory notes for these contributions which would be repaid once channels could be opened. This money would be used for the relief effort under the authority of Kratz. This idea, however, hinged on the appearance of Kratz. Since they parted ways in Aleksandrovsk, Miller had not heard from the 23-year-old. In fact, no one knew the location of Kratz after he was arrested by Bolshevik officials in Halbstadt. To this day, the fate of Kratz remains a mystery.

The victory of the Red Army forced MCC relief workers to devise a new approach for the region. Establishing a base in Crimea was no longer an option. Negotiations for access to the territory now had to be conducted in Moscow and in Kharkov, the capital of the new Ukrainian Socialist Republic, with Bolshevik officials. MCC humanitarian assistance to Mennonites and others in southern Russia would end up coming through the channels of the American Relief Administration led by Herbert Hoover.

Aileen Friesen is assistant professor of history at the University of Winnipeg.


Juhnke, James C. “Turning Points, Broken Ice, and Glaubensgenossen: What Happened at Prairie Street on July 27-28, 1920?” In A Table of Sharing: Mennonite Central Committee and the Expanding Networks of Mennonite Identity. Ed. Alain Epp Weaver, 66-83. Telford, PA: Cascadia, 2010.

Miller, Orie O. The Orie O. Miller Diary, 1920-1921. Kitchener, ON: Pandora Press, 2018.

Sharp, John. My Calling to Fulfill: The Orie O. Miller Story. Harrisonburg, VA: Herald Press, 2015.

Toews, Paul, with Aileen Friesen. The Russian Mennonite Story:The Heritage Cruise Lectures. Winnipeg: Centre for Transnational Mennonite Studies, 2018.