Un ministerio de compartir: cambios en el programa de ayuda humanitaria del CCM durante los últimos 100 años

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de Invierno 2020 se publican dos veces blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

La recopilación de recursos humanitarios brinda la oportunidad a las personas que apoyan al CCM de participar activa y físicamente en el trabajo del CCM, sirviendo como una herramienta para conectar a diversas personas en torno a un objetivo común para demostrar el amor de Dios al compartir de nuestros abundantes recursos.

En el verano de 1920, hombres de organizaciones de ayuda menonitas se reunieron en Elkhart, Indiana, para escuchar la urgente necesidad de alimentos, ropa y medicamentos entre los menonitas en el sur de Rusia (actual Ucrania). Forzados a tomar medidas unificadas, formaron el Comité Central Menonita (CCM) para recolectar y enviar alimentos y ropa de los Estados Unidos para ser distribuidos entre los menonitas con necesidad. Casi 100 años después, el CCM ahora sirve a comunidades alrededor del mundo a través de la ayuda, el desarrollo y la paz. Desde 1920, el CCM ha enviado aproximadamente 1,5 millones de toneladas de recursos humanitarios a más de 100 países diferentes. Los envíos han incluido artículos como: ropa y zapatos nuevos y usados (1920-2012); comida variada, incluyendo leche en polvo, frutas secas y pollo, cerdo y res enlatados, así como frijoles, maíz, soya y trigo donados por los agricultores (y enviado a través de Banco de Granos Canadiense); equipo médico y medicina; “Paquetes de Navidad” con juguetes, artículos de higiene, un Nuevo Testamento y otros artículos para niños y niñas (1946-78); productos excedentes del gobierno de los Estados Unidos, incluyendo leche en polvo, mantequilla y queso (1954-68); ropa de cama y colchas (1946-en curso); paquetes de cuidado infantil (1961 en curso); “paquetes de cuidado para personas con Lepra” (1963-80); y paquetes escolares (1979-en curso). Actualmente, el CCM recolecta y envía carne enlatada, mantas, colchas, jabón, paquetes de higiene, paquetes de ayuda, paquetes de cuidado infantil, paquetes de costura y paquetes escolares.

El programa de asistencia humanitaria del CCM ha evolucionado durante el siglo pasado en respuesta a los contextos cambiantes de sus constituyentes estadounidenses y canadienses y a los cambios en el contexto internacional. El programa del CCM también ha respondido de acuerdo con el avance de perspectivas y mejores prácticas dentro del sector humanitario y de desarrollo más amplio. Un informe de 1957 producido por el Comité de Estudio de la Ayuda Material indicó que el CCM tenía que “buscar formas de ser más efectivo en este ministerio de compartir. A medida que las necesidades del mundo cambian, debemos buscar constantemente adaptar los recursos de nuestra gente para satisfacer estas necesidades de la manera más efectiva y permanente”. El CCM se ha desplazado hacia la provisión de subsidios en efectivo a organizaciones locales y ahora envía significativamente menos paquetes y colchas en especie y menos alimentos desde Canadá y EE. UU. El CCM continúa reflexionando sobre la mejor manera de brindar asistencia humanitaria mientras que al mismo tiempo involucre a la comunidad del CCM en un ministerio práctico.

La ayuda humanitaria como respuesta apropiada a la necesidad humana

Fotografía de un niño en el regazo de su abuela con una lata de carne suministrada por el CCM, tomada en Alemania en 1947-48. En 1947, cuarenta y tres trabajadores fueron responsables de la distribución de 4.538 toneladas de alimentos, ropa y otros insumos en Alemania. En el verano de 1947, el CCM estaba alcanzando aproximadamente 80,000 personas en operaciones de alimentación. (Foto del CCM / Deutscher Zentralausschuss).

Una característica clave del actual programa de asistencia humanitaria del CCM es que se basa en las necesidades y no en la oferta, con solicitudes de organizaciones locales asociadas y un análisis cuidadoso de las necesidades locales que informan la respuesta del CCM. Este enfoque surgió del reconocimiento de que para ser más efectivos, los artículos que el CCM recopila y distribuye deben alinearse con las necesidades prioritarias de las comunidades y la capacidad del personal y asociados del CCM. Por ejemplo, en 1946, el CCM envió más de tres millones de libras de alimentos y cincuenta mil libras de ropa a Francia, abrumando por completo la necesidad de estos artículos y la capacidad del programa para distribuirlos. En otro ejemplo, a medida que el CCM distribuía cada vez más ayuda humanitaria fuera de Europa a fines de la década de 1950 y principios de la década de 1960, los estilos de ropa de clima frío recolectados de las personas que apoyaban al CCM no eran apropiados para los climas templados del Sur Global y se hicieron esfuerzos para enviar ropa más adecuada a las necesidades y estilos locales. La recolección y distribución de ropa disminuyó gradualmente y se descontinuó en 2012 porque el envío de ropa usada ya no se ajustaba a la mejor práctica de brindar asistencia de calidad.

El CCM formalizó por primera vez el principio de la programación humanitaria basada en las necesidades en 1957, cuando se designó un Comité de Estudio de Ayuda Material para averiguar cuál era la necesidad real de ayuda humanitaria en el mundo. Por recomendación del comité, el CCM se comprometió a adaptar la recolección de recursos para satisfacer efectivamente la necesidad presente. Nuevamente en 1978, un informe interno sobre el papel de la ayuda humanitaria concluyó que “la naturaleza de la necesidad. . . debe influir en la respuesta”. Las continuas discusiones que culminaron en 1989 dieron como resultado que el CCM adoptara varios principios para guiar su trabajo de ayuda humanitaria, incluyendo el principio de la participación de los asociados locales en la planificación de la distribución y el uso de la asistencia humanitaria para garantizar que los artículos enviados satisfacieran las necesidades locales y fueran una respuesta apropiada dentro del contexto local. A fines de la década de 1990 y principios de la década de 2000, el CCM pasó a ser más deliberado con la evaluación, seguimiento y evaluación de su programa de respuesta a desastres, realizando evaluaciones en Etiopía, Mozambique, El Salvador y otros países para guiar su trabajo en esos lugares. Desde 2004, el CCM ha trabajado para fortalecer la planificación de proyectos en todos los sectores, incluyendo la distribución de contribuciones-en-especie, para garantizar que la programación sea relevante, apropiada y una respuesta efectiva a la necesidad humana. Al igual que con toda la programación de ayuda y desarrollo del CCM, los envíos de ayuda humanitaria se llevan a cabo a solicitud de las organizaciones asociadas locales y se basan en una evaluación previa de las necesidades y prioridades.

El papel de los recursos humanitarios en la programación de ayuda y desarrollo del CCM

Alemania 1948, Lohfelden Camp. Los niños en un campo de refugiados en Lohfelden cerca de Kassel, Alemania, posan con sacos de granos de diferentes agencias de ayuda internacional. Además del CCM, a la derecha, están CARE (Cooperativa para las Remesas Estadounidenses a Europa) y CRALOG (Consejo de Agencias de Ayuda Autorizadas para Operar en Alemania). (Foto del CCM).

Otra fuente de debate significativo dentro del CCM se centró en el papel de los recursos humanitarios recopilados en Canadá y Estados Unidos en la programación de ayuda y desarrollo. El CCM vio cada vez más la importancia de combinar la distribución de los recursos humanitarios con la programación del desarrollo, como la formación profesional o la extensión agrícola, para abordar las necesidades a largo plazo. El CCM también estaba preocupado de crear dependencia entre las comunidades de la ayuda externa y buscó aumentar la autosuficiencia a través de un mayor énfasis en el trabajo de desarrollo y mitigación de desastres. En las décadas de 1960 y 1970, el papel de las distribuciones de recursos humanitarios cambió de una respuesta solamente de emergencia a un apoyo adicional a proyectos de desarrollo del CCM como centros de costura y proyectos de alimentos-por-trabajo. Sin embargo, hasta fines de la década de 1980, las distribuciones de recursos humanitarios representaban el modo principal de la programación de ayuda de emergencia del CCM. Durante las décadas anteriores, las conversaciones internas se desarrollaron en el CCM sobre cuándo era apropiado enviar recursos humanitarios desde los EE. UU. y Canadá y cuándo comprar alimentos y otros artículos a nivel local era una respuesta de emergencia más efectiva y eficiente.

“Aquellos a favor de los continuos envíos significativos desde EE. UU. y Canadá argumentaron que estos recursos eran una forma práctica de expresar el cuidado por las personas necesitadas y construir puentes entre la gente y las iglesias. Los argumentos a favor de un menor énfasis en el envío de recursos humanitarios destacaron la necesidad de soluciones a más largo plazo, estímulo de las economías locales a través de la compra local de artículos de emergencia y preocupación por crear dependencia de la ayuda externa.”

Durante este tiempo, el CCM estaba tomando conciencia de que los recursos humanitarios mal dirigidos eran ineficaces en el mejor de los casos y dañinos en el peor. Una preocupación clave era el potencial de las grandes importaciones de alimentos para interrumpir los mercados locales e impactar los medios de vida de los pequeños productores. En respuesta a esta preocupación, el CCM en 1978 definió una filosofía y una estrategia para el uso de los recursos humanitarios recolectados en Canadá y Estados Unidos. Las pautas resultantes ayudaron al CCM a tomar decisiones sobre qué tipo de ayuda humanitaria enviar en respuesta a las crisis, teniendo en cuenta factores como el precio de los diferentes artículos, la capacidad del CCM de reunir y enviar esos artículos, la puntualidad de responder a las necesidades de emergencia y el impacto que los artículos importados tendrían en los mercados locales. Los aumentos sustanciales en el valor de los envíos de recursos humanitarios del CCM en la década de 1980, principalmente debido al aumento de los envíos de alimentos del recién formado Banco de Granos Canadiense (CFGB -siglas en inglés), provocaron una discusión interna continua sobre el tema de la compra local versus la importación de bienes de EE. UU. y Canadá. La conversación llegó al primer plano en 1988 durante lo que el personal del CCM denominó como “el Gran Debate” —¿cuál era el valor del programa de recursos humanitarios del CCM y qué prioridad debería tener en la programación del CCM en la próxima década?

Aquellos a favor de los continuos envíos significativos desde EE. UU. y Canadá argumentaron que estos recursos eran una forma práctica de expresar el cuidado por las personas necesitadas y construir puentes entre la gente y las iglesias. Los argumentos a favor de un menor énfasis en el envío de recursos humanitarios destacaron la necesidad de soluciones a más largo plazo, estímulo de las economías locales a través de la compra local de artículos de emergencia y preocupación por crear dependencia de la ayuda externa. La revaluación de los recursos humanitarios y del programa de envío en ese momento llevó al CCM a definir aún más su visión de los recursos humanitarios que recolectaba y adoptar pautas para cuándo dicha programación fuera apropiada, con el reconocimiento de que “continuarán existiendo situaciones en las que comprar recursos materiales localmente será más apropiado que enviar recursos materiales”. Este fue un momento decisivo para la programación de ayuda del CCM, impulsando un cambio gradual a lo largo de la década de 1990 y principios de 2000 hacia comprar localmente alimentos y otros artículos de ayuda. En 1999, el CCM envió un número récord de 120 contenedores con un valor de más de US$10.5 millones en comparación con 49 contenedores con un valor de casi US$5 millones en el año fiscal 2019.

Una familia japonesa recibió esta colcha del CCM en algún momento alrededor de 1950. El CCM y otras 12 agencias de la iglesia se unieron para proporcionar asistencia de rehabilitación en Japón a través de un consorcio llamado LARA (siglas en inglés -Agencias con Licencia para la Ayuda en Asia). LARA distribuyó alrededor de $400 millones en suministros de ayuda a 14 millones de personas desde noviembre de 1946 hasta junio de 1952. (Foto de un periódico chino).

Actualmente, la programación de asistencia humanitaria del CCM incluye con mayor frecuencia artículos comprados localmente. Más significativamente, el gobierno canadiense desligó de obligaciones la ayuda alimentaria en 2009, lo que significa que el CCM, de ahí en adelante, podría comprar todos los alimentos localmente para proyectos financiados por CFGB y el Gobierno de Canadá. El programa de asistencia alimentaria del CCM a través de CFGB representa la mayor parte del programa de asistencia humanitaria del CCM, en el cual el CCM compra alimentos localmente mientras hace uso de cupones y transferencias de efectivo para satisfacer las necesidades alimentarias de emergencia. Paquetes, colchas y carne enviados por el CCM principalmente apoyan a instituciones (orfanatos, hospitales, centros de atención a personas mayores) y son distribuidos por organizaciones asociadas locales en tiempos de desastre o crisis. El CCM prioriza los envíos en casos donde los artículos de calidad no están fácilmente disponibles para la compra a un precio asequible a nivel local. Si bien el papel de los envíos de recursos humanitarios en la programación de ayuda y desarrollo ha cambiado, estos recursos siguen desempeñando un papel importante en la respuesta a las crisis, apoyando el trabajo de desarrollo a largo plazo y construyendo puentes entre las personas que apoyan al CCM y las comunidades en las que el CCM trabaja.

Durante casi un siglo de esfuerzos para satisfacer las necesidades humanas urgentes, el CCM ha reflexionado continuamente sobre cómo lleva a cabo este trabajo para utilizar sus recursos de manera efectiva y eficiente. Si bien la adecuación y el papel de los envíos de recursos humanitarios en el contexto del trabajo del CCM han sido objeto de mucho debate en décadas pasadas, el CCM ha concluido consistentemente que recolectar, enviar y distribuir dichos recursos son vitales para su misión y visión. Estos recursos brindan la oportunidad para que las personas que apoyan al CCM se involucren activa y físicamente en el trabajo del CCM, sirviendo como una herramienta para conectar a diversas personas en torno a un objetivo común para demostrar el amor de Dios al compartir nuestros abundantes recursos.

Recuadro: Una familia en Moscú, Rusia, abre una caja de comida que les comparten Menonitas y Hermanos en Cristo en Canadá y Estados Unidos. En marzo de 1992, el CCM envió 9,000 cajas de comida a Moscú y San Petersburgo para su distribución por el comité de ayuda Inter denominacional. (Foto / Richard Lord).

Amy Martens es coordinadora de asistencia humanitaria del CCM, con sede en Winnipeg. Tom Wenger es el coordinador de recursos materiales del CCM, con sede en Akron, Pennsylvania.


Fountain, Philip. “Development Things: A Case of Canned Meat.” Sites: A Journal of Social Anthropology and Cultural Studies and Mennonite Quarterly Review. 11 (2014): 39-73.

Hostetler, John. “Mennonite Central Committee Material Aid, 1941-1969.” Mennonite Quarterly Review 44/3 (July 1970): 318-323.

A ministry of sharing: shifts in MCC humanitarian aid programming over 100 years

[Individual articles from the Winter 2020 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

Collecting humanitarian resources provides the opportunity for MCC supporters to actively and physically engage in the work of MCC, serving as a tool to connect diverse people around a common goal to demonstrate God’s love by sharing from our abundant resources.

In the summer of 1920, men from Mennonite relief organizations gathered in Elkhart, Indiana to hear of the urgent need for food, clothing and medicine among Mennonites in southern Russia (present-day Ukraine). Compelled to take unified action, they formed Mennonite Central Committee (MCC) to collect and ship food and clothing from the United States to distribute to Mennonites in need. Nearly 100 years later, MCC now serves communities worldwide through relief, development and peace. Since 1920, MCC has shipped an estimated 1.5 million tons of humanitarian resources to over 100 different countries. Shipments have included items such as: new and used clothing and shoes (1920-2012); assorted food, including milk powder, dried fruit and canned chicken, pork and beef, as well as beans, corn, soybeans and wheat donated by farmers (and shipped via Canadian Foodgrains Bank); medical equipment and medicine; “Christmas Bundles” with toys, hygiene supplies, a New Testament and other items for children (1946-78); United States government surplus commodities, including powdered milk, butter and cheese (1954-68); bedding and blankets (1946-ongoing); infant care kits (1961-ongoing); “Leprosy Bundles” (1963-80); and school kits (1979-ongoing). MCC currently collects and ships canned meat, blankets, comforters, soap, hygiene kits, relief kits, infant care kits, sewing kits and school kits.

MCC’s humanitarian assistance program has evolved over the past century in response to the changing contexts of its U.S. and Canadian constituencies and changes in the international context. MCC’s program has also responded to developing perspectives and best practices within the broader humanitarian and development sector. A 1957 report produced by the Material Aid Study Committee stated that MCC had to “seek ways of becoming more effective in this ministry of sharing. As world needs change, we must constantly seek to adapt the resources of our people to meet these needs in the most effective and permanent way.” MCC has shifted toward providing cash grants to local organizations and now ships significantly fewer in-kind kits and blankets and less food from Canada and the U.S. MCC continues to reflect on how it can best deliver humanitarian assistance while at the same time engaging MCC’s constituency in a hands-on ministry.

Humanitarian aid as an appropriate response to human need

Photograph of a young boy on his grandmother’s lap holding a MCC-supplied can of meat taken in Germany in 1947-48. In 1947, forty-three workers were responsible for the distribution of 4,538 tons of food, clothing, and other supplies in Germany. In the summer of 1947, MCC was reaching approximately 80,000 people in feeding operations. (MCC photo/ Deutscher Zentralausschuss)

A key characteristic of MCC’s current humanitarian assistance program is that it is needs-driven rather than supply-driven, with requests from local partner organizations and a careful analysis of local needs informing MCC’s response. This approach grew from the recognition that in order to be most effective, the items MCC collects and distributes need to align with the priority needs of communities and the capacity of MCC staff and partners. For example, in 1946 MCC shipped more than three million pounds of food and fifty thousand pounds of clothing to France, completely overwhelming the need for these items and the capacity of the program to distribute them. In another example, as MCC increasingly distributed humanitarian aid outside of Europe in the late 1950s and early 1960s, the cold-climate styles of clothing collected from supporters were not appropriate for the mild climates of the Global South and efforts were made to send clothing more suitable to local needs and styles. Clothing collection and distribution gradually tapered off and were discontinued in 2012 because shipping used clothing was no longer in keeping with the best practice of providing quality assistance.

MCC first formalized the principle of needs-driven humanitarian programming in 1957, when a Material Aid Study Committee was appointed to find out what the actual need for humanitarian aid was in the world. Upon recommendation of the committee, MCC committed to adapting the collecting of resources to effectively meet the present need. Again in 1978, an internal report on the role of humanitarian aid concluded that “the nature of the need . . . must influence the response.” Continuing discussions that culminated in 1989 resulted in MCC adopting several principles to guide its humanitarian aid work, including the principle of local partner involvement in planning the distribution and use of humanitarian assistance to ensure that the items shipped met local needs and were an appropriate response within the local context. In the late 1990s and early 2000s, MCC moved to be more deliberate about the assessment, monitoring and evaluation of its disaster response programming, conducting assessments in Ethiopia, Mozambique, El Salvador and other countries to guide its work there. Since 2004, MCC has worked to strengthen project planning in all sectors, including the distribution of gifts-in-kind, to ensure programming is relevant, appropriate and an effective response to human need. As with all MCC relief and development programming, humanitarian aid shipments are carried out at the request of local partners and are based on a prior assessment of needs and priorities.

The role of humanitarian resources in MCC’s relief and development programming

Germany 1948, Lohfelden Camp. The children in a refugee camp at Lohfelden near Kassel, Germany pose with grain sacks from different international aid agencies. In addition to MCC, far right, are CARE (Cooperative for American Remittances to Europe) and CRALOG (Council of Relief Agencies Licensed to Operate in Germany). (MCC photo)

Another source of significant discussion within MCC centered on the role of humanitarian resources gathered in Canada and the U.S. in relief and development programming. MCC increasingly saw the importance of pairing the distribution of humanitarian resources with development programming, such as vocational training or agricultural extension, to address long term needs. MCC was also concerned about creating dependency among communities on outside help and sought to increase self-reliance through a greater emphasis on development and disaster mitigation work. In the 1960s and 1970s, the role of humanitarian resource distributions shifted from entirely emergency response towards additionally supporting MCC development projects like sewing centers and food-for-work projects. Until the late 1980s, however, humanitarian resource distributions represented the primary mode of MCC’s emergency relief programming. Over the prior decades, internal conversations swirled within MCC about when shipping humanitarian resources from the U.S. and Canada was appropriate and when purchasing food and other items locally was a more effective and efficient emergency response.

Those in favour of continued significant humanitarian resource programming argued that humanitarian resources were a practical way to express care for people in need and build bridges between people and churches. Arguments for decreased emphasis on humanitarian resource shipments highlighted the need for longer-term solutions, stimulation of local economies through local purchase of emergency items and concern for creating dependency on outside aid.

During this time, MCC was gaining an awareness that poorly directed humanitarian resources were ineffective at best and harmful at worst. A key concern was the potential for large food imports to disrupt local markets and impact the livelihoods of small-scale producers. In response to this concern, MCC in 1978 defined a philosophy and strategy for the use of humanitarian resources collected in Canada and the U.S. The resulting guidelines helped MCC make decisions about what type of humanitarian aid to deliver in response to crises, considering factors such as the price of different items, MCC’s ability to gather and deliver those items, the timeliness of responding to emergency needs and the impact imported items would have on local markets. Substantial increases in the value of MCC’s humanitarian resource shipments in the 1980s, primarily due to increased food shipments from the newly formed Canadian Foodgrains Bank (CFGB), prompted ongoing internal discussion on the matter of local purchase versus import of goods from the U.S. and Canada. The discussion came to the forefront in 1988 during what was dubbed by MCC staff as “the Great Debate”—what was the value of MCC’s humanitarian resources program and what priority should it have in MCC’s programming in the coming decade?

Those in favour of continued significant shipments from the U.S. and Canada argued that these resources were a practical way to express care for people in need and build bridges between people and churches. Arguments for decreased emphasis on the shipping of humanitarian resources highlighted the need for longer-term solutions, stimulation of local economies through local purchase of emergency items and concern about creating dependency on outside aid. The reevaluation of the humanitarian resources and shipping program at this time led MCC to further define its vision for the humanitarian resources it collected and to adopt guidelines for when such programming was appropriate, with the acknowledgement that “there will continue to be situations where purchasing material resources locally is more appropriate than sending material resources.” This was a turning point for MCC’s relief programming, spurring a gradual shift throughout the 1990s and early 2000s towards locally purchased food and other relief items. In 1999, MCC shipped a record number 120 containers with a value of over US$10.5 million compared to 49 containers with a value of nearly US$5 million in fiscal year 2019.

A Japanese family received this MCC quilt sometime around 1950. MCC and 12 other church agencies joined to provide rehabilitation assistance in Japan through a consortium called LARA (Licensed Agencies for Relief in Asia). LARA distributed about $400 million worth of relief supplies to 14 million people from November 1946 to June 1952. (Chinese newspaper photo)

Currently, MCC’s humanitarian assistance programming most frequently includes locally purchased items. Most significantly, the Canadian government completely untied food aid in 2009, meaning that MCC could now purchase all food locally for projects funded by CFGB and the Government of Canada. MCC’s food assistance program through CFGB represents the largest portion of MCC’s humanitarian assistance program, with MCC purchasing food locally while using vouchers and cash transfers to meet emergency food needs. Kits, blankets and canned meat shipped by MCC primarily support institutions (orphanages, hospitals, elderly care centers) and are distributed by local partners in times of disaster or crisis. MCC prioritizes shipments in cases where quality items are not easily available for local purchase at an affordable price. While the role of humanitarian resource shipments in relief and development programming has changed, these resources continue to play an important part in responding to crises, supporting longer-term development work and building bridges between MCC supporters and the communities in which MCC works.

Inset: A family in Moscow, Russia, opens a box of food shared with them by Mennonites and Brethren in Christ in Canada and the U.S. In March 1992, MCC shipped 9,000 food boxes to Moscow and St. Petersburg for distribution by an interdenominational relief committee. (Photo/Richard Lord)

Over nearly a century of striving to meet urgent human needs, MCC has continually reflected on how it carries out this work in order to use its resources effectively and efficiently. While the appropriateness and role of humanitarian resource shipments in the context of MCC’s work have been the subject of much discussion in decades past, MCC has consistently concluded that collecting, shipping and distributing such resources are vital to its mission and vision. These resources provide the opportunity for MCC supporters to actively and physically engage in the work of MCC, serving as a tool to connect diverse people around a common goal to demonstrate God’s love by sharing from our abundant resources.

Amy Martens is an MCC humanitarian assistance coordinator, based in Winnipeg. Tom Wenger is MCC’s material resources coordinator, based in Akron, Pennsylvania.


Fountain, Philip. “Development Things: A Case of Canned Meat.” Sites: A Journal of Social Anthropology and Cultural Studies and Mennonite Quarterly Review. 11 (2014): 39-73.

Hostetler, John. “Mennonite Central Committee Material Aid, 1941-1969.” Mennonite Quarterly Review 44/3 (July 1970): 318-323.

La respuesta humanitaria del CCM al conflicto en Siria, Irak, Líbano y Jordania

[Articulos Individuales de la edicion de Intersecciones de Otoño del 2019 se publican en este blog cada semana. La edicion completa puede ser encontrada en MCC’s website.]

En su mayor respuesta humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, el CCM ha programado más de US $63.4 millones para responder a los conflictos y desplazamientos en Siria desde 2012 e Irak desde 2014. El programa de respuesta del CCM abarca cuatro países, tanto Siria como Iraq, junto con sus vecinos el Líbano y Jordania, que albergan grandes poblaciones de refugiados en relación con su tamaño nacional. En estos países, el CCM trabaja en estrecha colaboración con organizaciones de ayuda eclesiástica, sociedades caritativas islámicas, organizaciones no gubernamentales nacionales y organizaciones comunitarias.

El personal del Middle East Council of Churches (MECC) descargó un envío de ayuda humanitaria que se envió en octubre de 2018 desde la Conferencia Regional Menonita de Europa Occidental y CCM a la bodega del MECC en Dara’a, Siria. El envío incluyó 368 edredones, 800 baldes de alivio y 4,976 paquetes escolares, junto con ropa de menores y otras mantas. Nombres no proporcionados por razones de seguridad. (Foto cortesía del Consejo de Iglesias del Medio Oriente).

A través de estas asociaciones, el CCM responde a las necesidades humanitarias urgentes y continuas de personas refugiadas y desplazadas internamente, incluyendo la asistencia alimentaria y en efectivo, rehabilitación de viviendas, apoyo con el alquiler y provisión de artículos esenciales para el hogar e higiene. Si bien la mayoría de los artículos se compran localmente, el CCM también envía artículos de higiene en especie, mantas y otra asistencia humanitaria de Canadá, Estados Unidos y Europa para distribuirlos como parte de su respuesta. En los últimos siete años, el CCM ha enviado ayuda humanitaria valorada en más de US $11 millones.

El CCM y sus organizaciones asociadas también abordan las necesidades de las personas afectadas por conflictos más allá de la provisión de alimentos y otro tipo de apoyo humanitario.

Las niñas y niños de 3 a 5 años disfrutan el truco del conejo del mago durante un espectáculo de magia en su escuela. Esta es una de las escuelas en el sur del Líbano que el CCM financia a través de su organización asociada la Popular Aid for Relief and Development (PARD). El personal del CCM colaboró con el personal de la escuela para invitar al mago a actuar en todas las escuelas apoyadas por el CCM como una extensión del proyecto de educación de kínder del CCM que incluye capacitación psicosocial. La PARD ha trabajado muchos años en áreas palestinas en el sur del Líbano y comenzó a incluir actividades psicosociales para brindar a las personas refugiadas sirias y palestinas herramientas para abordar el trauma y una oportunidad para expresarse y aumentar su confianza. Los nombres se retienen por razones de seguridad. (Foto cortesía de PARD).

A medida que el desplazamiento interrumpe o limita el acceso a la educación para las niñas, niños y jóvenes, el CCM brinda apoyo para programas educativos formales y de recuperación. El CCM también promueve relaciones positivas entre las comunidades de acogida y desplazadas y entre diferentes grupos étnicos y religiosos para evitar tensiones intercomunitarias y promover la paz. En reconocimiento del inmenso trauma experimentado por las familias afectadas por el conflicto, los programas del CCM brindan apoyo para la sanidad del trauma y atención psicológica, junto con el desarrollo de las habilidades de las organizaciones asociadas para responder a las necesidades psicológicas. A medida que la naturaleza del conflicto en Siria e Irak y las circunstancias de las personas afectadas cambian, el CCM ajusta su programa para abordar mejor las necesidades y situaciones en evolución en el campo. Ahora, a medida que algunas familias desplazadas comienzan a regresar a sus hogares, el CCM explora formas de proporcionar asistencia humanitaria sostenible y empoderadora.

Como es evidente en varios de los artículos dentro de este número de Intersecciones, la respuesta humanitaria a gran escala y a largo plazo al conflicto en Siria e Irak ha desafiado al CCM y sus organizaciones asociadas a desarrollar habilidades para responder efectivamente a las diferentes necesidades de mujeres, niñas, niños y hombres en circunstancias difíciles. Aunque las necesidades siguen siendo inmensas y los recursos son limitados, la respuesta del CCM en Siria, Irak, Jordania y Líbano ha llegado a cientos de miles de personas afectadas por los conflictos, inestabilidad política y desplazamiento — todo en el nombre de Cristo.

Amy Martens es coordinadora de asistencia humanitaria del CCM, con sede en Winnipeg.

MCC’s humanitarian response to conflict in Syria, Iraq, Lebanon, and Jordan

[Individual articles from the Fall 2019 issue of Intersections will be posted on this blog each week. The full issue can be found on MCC’s website.]

In its largest humanitarian response since World War II, MCC has programmed more than US$63.4 million to respond to conflict and displacement in Syria since 2012 and Iraq since 2014. MCC’s response programming spans four countries—both Syria and Iraq, along with neighboring Lebanon and Jordan, who host large refugee populations relative to their national size. In these countries, MCC works in close partnership with church relief organizations, Islamic charitable societies, national non-governmental organizations and community-based organizations.

Staff of the Middle East Council of Churches (MECC) unloaded a humanitarian aid shipment that was sent in October 2018 from the West Europe Mennonite Regional Conference and MCC to MECC’s warehouse in Dara’a, Syria. The materials will be distributed in Dara’a due to the 270,000 people that were displaced in the region in June 2018 (the largest single displacement in the area since the Syrian conflict began). Names not provided for security reasons. (Photo courtesy of Middle East Council of Churches)

Through these partnerships, MCC responds to urgent and ongoing humanitarian needs of refugees and internally displaced people, including food and cash assistance, shelter rehabilitation, rent support and provision of essential household and hygiene items. While most items are purchased locally, MCC also ships in-kind hygiene items, blankets and other humanitarian assistance from Canada, the U.S. and Europe to be distributed as part of its response. Over the past seven years, MCC has shipped humanitarian aid valued at over US$11 million.

Children, ages 3-5, enjoy the magician’s rabbit trick during a magic show at their school. This is one of the schools in southern Lebanon that MCC funds through partner Popular Aid for Relief and Development (PARD). MCC staff collaborated with school staff to invite the magician to perform at all the MCC-supported schools as an extension to MCC’s kindergarten education project which includes psychosocial training. PARD has worked many years in Palestinian areas in southern Lebanon and began including psychosocial activities to give Syrian and Palestinian refugees tools to address trauma and an opportunity to express themselves and grow in confidence. Names are withheld for security reasons. (Photo courtesy of PARD)

MCC and its partners also address the needs of people impacted by conflict beyond the provision of food and other humanitarian support. As displacement interrupts or limits access to education for children and youth, MCC provides support for formal and remedial education programs. MCC also promotes positive relationships between host and displaced communities and between different ethnic and religious groups in order to prevent intercommunal tension and to promote peace. In recognition of the immense trauma experienced by conflict-affected families, MCC programs provide trauma healing support and psychological care, along with building the skills of partners to respond to psychological needs. As the nature of the conflict in Syria and Iraq and the circumstances of affected people change, MCC adjusts its programming to better address the evolving needs and situations on the ground. Now as some displaced families begin returning to their homes, MCC explores ways to provide empowering and sustainable humanitarian assistance.

As evident from several of the articles within this issue of Intersections, large-scale and long-term humanitarian response to conflict in Syria and Iraq has challenged MCC and its partners to develop skills for effectively responding to the differing needs of women, children and men within difficult circumstances. Although the needs continue to be immense and resources are limited, MCC’s response in Syria, Iraq, Jordan and Lebanon has reached hundreds of thousands of people impacted by conflict, political instability and displacement—all in the name of Christ.

Amy Martens is an MCC humanitarian assistance coordinator, based in Winnipeg.